Es seguro que los puristas del género no consideran a Indiana Jones and the Last Crusade una aventura gráfica en todos los aspectos, y razón no les falta. El juego está plagado de elementos que lo alejan de lo que sería el modelo a seguir. Quizás por no querer defraudar a aquellos jugadores identificados con el personaje, y que por lógica anhelarían una mayor dosis de acción en detrimento de la exploración o los puzzles, o quizás por intentar dinamizar el juego introduciendo otros aspectos que lo hagan más atractivo, lo cierto es que son muchos los momentos en los que más parece un Beat'em up con dosis de infiltración que una aventura gráfica.
El juego está dividido -aunque sólo en la teoría, no en la práctica- en diversas zonas o localizaciones que han de ser exploradas hasta el más mínimo detalle. Las primeras como el Barnett College o la biblioteca de Venecia sirven para hacer acopio de items, o, para introducirnos en la trama argumental contada en boca de sus protagonistas. Otras como el castillo Brunwald o el zeppelín, están compuestas por interminables laberintos que habrá que recorrer con mayor o menor celo para evitar la confrontación que, por otra parte, será casi ineludibles a la larga. Estos enfrentamientos se desarrollarán en forma de combate de boxeo en el que sólo uno de los dos contendientes pueden quedar en pie, conllevando el consiguiente desgaste no sólo de la barra de energía del protagonista, sino también, en muchas ocasiones, de la paciencia del jugador. Finalmente, la última de las "fases", llevará al jugador a superar una serie de pequeñas pruebas o desafíos, que, lamentablemente, evidencian una total simpleza.
La aventura como tal no es realmente larga, aunque como suele ser habitual en este tipo de juegos ese es un factor que viene determinado por la pericia del jugador o su capacidad de pensar tal y como lo harían los programadores. No, no es que el título que tenemos entre manos haga gala de esa absurda forma de resolver los puzzles que en ocasiones se ha visto en las entregas de la saga Monkey Island, sino que más bien el jugador sea capaz de abstraerse de sus vicios adquiridos y siga los indicios que el juego ha esparcido por los escenarios para saber como salir de cada una de las situaciones con la mayor solvencia. El tiempo de juego puede oscilar entre las cuatro y las veinte horas en función de como el jugador quiera completar la aventura, si simplemente aspira a terminar el juego, o, si por el contrario, no quiere perderse ninguno de sus guiños, explorar todas sus posibilidades y contemplar todos los finales posibles.
La última cruzada no es, desde luego, la aventura gráfica más lineal de la compañía, aunque no por el hecho de desplegar en pantalla varias localizaciones que permitan al jugador tener diferentes opciones a la hora de planificar su estrategia, sino, más bien, por el hecho de permitir dar más de una solución al mismo problema. La aventura tiene sus atajos, pequeños trucos ocultos que permiten al jugador ahorrarse alguna que otra tarea y evitar, al mismo tiempo, que las confrontaciones con los soldados alemanes lleguen a cansar. No obstante, la aventura se presta a ser rejugada o al menos a continuarla, partiendo de partidas anteriores, tomando diferentes caminos o decisiones, dado que de esta manera se puede disfrutar en todo su esplendor y aprovechar más aún sus posibilidades.
Uno de los grandes valores del juego de Lucas es sin duda su argumento que, como se ha comentando anteriormente, se sustenta en el de la propia película sin por ello llegar a ser una recreación total. Como juego conversacional que es, se puede asegurar que los diálogos, y la mayoría de las escenas, son bastante ingeniosos y divertidos, aunque no abusan de la comicidad y se mantienen en un registro algo más serio que la mayoría de las aventuras gráficas de la compañía. En este sentido podría decirse que hay un perfecto equilibrio entre el respeto al tema tratado, la parte de leyenda que siempre rodea a este tipo de reliquias y las dosis de humor que incorporaba la película.
En lo que a la dificultad se refiere habría que decir que ésta varía en función del carácter que se imprima al juego. Baste un ejemplo para ilustrar tal afirmación: Si el jugador opta por buscar siempre una solución pacífica a todas las situaciones se encontrará con una exploración bastante dócil combinada con puzzles no excesivamente complicados, teniendo, como única dificultad, el salir airoso de todas las conversaciones. Ahora bien, si el jugador se decanta por ir por las malas, repartiendo cera a diestro y siniestro, verá como el juego se vuelve muy cuesta arriba y se ve obligado a depurar su estilo pugilístico hasta límites insospechados para concluir con éxito la aventura.