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Dos modos de juego se atojan, a todas luces, insuficientes. Las ocho misiones que componen el modo “Historia” se pueden completar en dos o tres horas como mucho, contando con las que hay que repetir si nos aniquilan, cosa bastante probable y molesta hasta en el nivel de dificultad más bajo. “Supervivencia” no pasa de ser un añadido interesante cuya función es la de alargar un poco más la vida del juego, pero para un rato está entretenido. Los modos multijugador y online brillan por su ausencia.
Hablemos un poco del desarrollo de las fases. Están ambientadas en localizaciones tan dispares como Afganistán, las islas griegas, varias zonas de Estados Unidos y hasta una fortaleza aérea en medio del Atlántico. En todas ellas hay que cumplir una serie de objetivos que siempre se reducen a lo mismo: buscar y destruir, que diría Iggy Pop. Precisamente ése es el mayor inconveniente que Iron Man hereda del género al que pertenece: se vuelve repetitivo al poco tiempo de introducir el cartucho. Hay dos tipos de misiones: las que se hacen volando y las que se hacen a pie. Las primeras son mucho más numerosas, pero las segundas entretienen mucho más. Curioso, ya que no dejan de ser prácticamente lo mismo.
Entre torretas, terroristas armados, helicópteros de varios tamaños, tanques blindados y tipos con trajes similares al de nuestro héroe, la cantidad de enemigos que hay en cada fase casi siempre supera la centena. Iron Man cuenta con dos vidas para superar el nivel y tan sólo una en el modo más difícil. La puntería de los rivales es envidiable; un enfrentamiento simultáneo contra tres de los más poderosos dejará muy mermado el escudo del hombre de hierro, al que le resultará imposible esquivar los numerosos disparos y misiles teledirigidos que pululan por la pantalla y que le darán hasta en el carné de identidad. Al menos hay recargas para el escudo esparcidas por ahí, pero al final del juego escasean.
Al finalizar una misión ganamos un número determinado de puntos de investigación (PI) en función del número de enemigos y bases que hayamos eliminado. Podemos invertirlos para mejorar todos los ataques del protagonista: según nos lo montemos para elegir con sabiduría lo que queremos incrementar, que será básicamente el ataque principal y el escudo, más posibilidades tendremos de salir airosos en la siguiente fase y no tener que repetirla. Nada que no se haya visto, pero al menos deja un margen de decisión al jugador.
El manejo de Iron Man resulta bastante sencillo y se puede adaptar tanto a zurdos como a diestros. El movimiento del personaje corre a cargo de la cruceta y el lápiz controla la dirección de los proyectiles del ataque primario. En la pantalla táctil se muestra un mapa con los objetivos (podría incluir también los enemigos, la verdad) y dos círculos en la parte inferior. El de la izquierda sirve para atacar con el mortífero cañón láser del pecho el de la derecha sirve para lanzar misiles teledirigidos. Estos últimos son limitados y se pueden encontrar recargas repartidas por el escenario. Los gatillos se reservan para volar a más velocidad y los botones desatan el EMP, una onda expansiva que deja a los enemigos inmovilizados durante unos segundos.
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