Análisis
¡Yo quiero marcha marcha!
La tercera entrega de la serie de baile por excelencia llega a Wii.
Por Benjamín Rosa Fernández
| Publicado el día 01/02/2012 09:42
El ritmo nunca para
Los juegos por control de movimiento cada vez se están convirtiendo en regalos más habituales. Y no es de extrañar, puesto que son capaces de hacer que tu novia pierda todo el ridículo y deje de decirte que apagues la consola o que los padres quemen calorías al ritmo de su canción de discoteca preferida.
Casi todas las empresas que se precien tienen al menos un título de baile en su catálogo para Wii, Kinect o Move preparado para sacarlo en el momento adecuado gracias a sus favorables ventas. Esta fiebre por el baile la comenzó Ubisoft con Just Dance, que ya ha conseguido mostrar su éxito al llevar el estilo a los más pequeños con Just Dance Kids o a modo de homenaje con Michael Jackson: The Experience, y es que con un historial así una tercera entrega era totalmente inevitable.
Cuando el salón de casa se convierte en discoteca
Como en todo todo juego de baile que se precie, nuestro objetivo es perfeccionar las coreografías de varias canciones más o menos famosas, pero todas disfrutables. Así de sencilla es la premisa, pero que es capaz de convertirse en el centro de una fiesta durante unas horas. Hasta cuatro personas pueden interpretar al mismo bailarín o a todo un grupo de baile en el que cada uno de los componentes tiene una serie de pasos totalmente únicos.
Esto en un principio puede parecer sencillo y sin ninguna complicación ni reto personal, pero en la práctica cambia bastante. Las coreografías que hay que interpretar resultan en su amplia mayoría demasiado complicadas para la gente que no está acostumbrada a moverse mucho con un videojuego, por lo que se requiere una muy buena preparación física digna de un concursante de Fama para poder resistir varios temas en una sesión de juego, incluso con descansos considerables entre medias.
A esto se le une que al principio apenas se conoce la coreografía y no hay una clase de demostración o práctica previa, por lo que la primera vez que se baila un tema se pierde mucha sincronización. También influye la mala señalización de los pasos de baile en al parte inferior de la pantalla. Aun así, para los que disfrutan de menear el esqueleto ocasionalmente, este título puede darles unas cuantas sesiones de diversión, especialmente en compañía.
Ell título no tiene mucho componente que anime a un jugador a bailar todo el extenso catálogo musical sin miramientos. No existe un modo carrera como tal, como mucho al acabar una canción se nos sugiere la próxima que deberíamos bailar. Al terminar cada baile, según nuestra puntuación se nos desbloquean contenidos como vídeos de entrenamiento y nuevos temas, aunque esto requiere de emucho tiempo, esfuerzo y dedicación.
Sin embargo, pese a todo lo mencionado arriba, es un juego perfecto para fiestas informales. Resulta difícil resistirse en un ambiente desenfadado a moverse al ritmo de la música junto a tu suegro y tu compañero de copas. Just Dance es el rey de la fiesta.