Análisis
Rodando voy, rodando vengo
Importamos la versión americana de Katamari Damacy, uno de los juegos más innovadores de PlayStation 2 obra de Namco, creadora de sagas de prestigio como Tekken o Soul Calibur. ¡Move the Katamari!
Por Pablo González Taboada
| Publicado el día 17/12/2004 19:53
El desarrollo de Katamari Damacy (KD de ahora en adelante) es bastante simple y no da lugar a dudas. Con una pelota "pegajosa" hemos de recorrer un espacio cerrado bastante amplio y recoger todos los objetos que hay tirados por el suelo (que no son pocos) hasta convertir nuestra pelota en una mucho mayor, exactamente hasta llegar a un diámetro previamente establecido por nuestro padre, con el fin de convertir dicha pelota en una estrella, como hemos dicho anteriormente.
Pero como también hemos dejado caer, no será fácil. Para recoger ítems hay una norma indispensable y que hemos de tener clara en todo momento y es que, no podemos recoger un objeto mayor que nuestro Katamari. Por tanto antes de recoger por ejemplo un osito de peluche de unos 20 centímetros de alto, hemos de llenar nuestra atípica pelota con diversos ítems pequeños para aumentar su diámetro. Chinquetas, dados, fichas de dominó, papeles, piezas de Lego, muñecos pequeños, etcétera. Todo esto lo iremos viendo en la esquina superior izquierda, donde se nos muestra el tamaño de nuestra bola, por tanto sabremos en que momento "atacar" los objetos mayores que por otra parte ocupan más espacio en ella.
Como no podía ser de otra manera, los escenarios serán enormes y nos presentarán decenas de zonas donde recuperar objetos... claro que, si todo fuera así, no dejaría de ser sencillo. Nuestro padre nos dará además un tiempo límite para completar la tarea, bastante poco tiempo francamente en las fases elevadas, por lo que tendremos que ir directos al grano para completar la fase.
Si se nos acaba el tiempo sin completar el nivel, pasaremos a ver una pantalla de Game Over bastante atípica donde en una escena FMV nuestro padre nos abochornará y se reirá de nosotros por ser tan inútiles, por conseguir una pelota tan pequeña y minúscula, finalizando con decir que somos un hijo no deseado, una vergüenza para el pueblo. Claro está, todo esto con una música deprimente y una tormenta de fondo.
Volviendo al desarrollo de las fases, comentar que de vez en cuando nos encontraremos con diversos elementos interactivos como animales (perros, gatos, ratones, etcétera) que intentarán mermar nuestros intentos dándonos golpes o mordiéndonos, lo que vendrá acompañado de perder una parte de nuestros ítems recolectados en el Katamari.
Una cosa que hemos de tener en cuenta es que la pelota no se mueve sola, sino que nuestro amigo Prince la empujará en todo el nivel, pesándole más una vez es mayor y menos cuando es una pelota pequeña, algo que afectará por ejemplo a subir una cuesta. Si la pelota es demasiado grande y la cuesta elevada, olvidándonos.
El desarrollo del juego no es lineal, sino que podemos elegir el nivel que nos apetezca en todo momento, eso si, una vez lo hayamos desbloqueado. Y es que los niveles se desbloquean como en todos los juegos parecidos: una vez completas A desbloqueas B, y si completas B también aparecerá C. Con esto queremos decir que, pese a que no podemos acceder a todas las fases directamente, si podemos entrar en una previamente completada en el momento que queramos. La selección de fase la efectuamos en una pantalla que simula el globo terráqueo, de forma circular donde las fases se marcan como puntos brillantes verdes; eventualmente aparecerán puntos brillantes amarillos, lo que se traduce en fases de recuperar constelaciones, esta vez con un desarrollo parecido al de otras fases solo que esta vez tendremos que recuperar ítems iguales, no de todo. (Por ejemplo en la fase de Cáncer hemos de conseguir cangrejos).
El premio por recoger todos los objetos, además de recuperar el cosmos, seran una serie de regalos para Prince a los que accederemos en House Land, planeta donde vivimos. Además dispondremos de una completa enciclopedia donde accederemos a las dimensiones de todos los objetos previamente recolectados, así como a unas zonas donde configurar cosas tan secundarias como la vibración del mando, el volumen, etcétera.
En general, nos encontramos con un juego muy divertido que provoca adicción al momento y es que, de nuevo se repite eso de juego simple, diversión a raudales.
No entendemos como el Katamari rueda con tantos objetos incrustados a ella
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El modo para dos jugadores tiene la misma mecánica
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La niña con poderes "protagonista" del juego aparece en pantalla cuando recuperamos una constelación
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Home Land, el planeta donde vive el protagonista
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