Análisis
De Erasmus por el Reino Mágico
Tras una intensa polémica, llega uno de los juegos más esperados de todo el catálogo de Nintendo 3DS.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 24/08/2012 09:53
Lo mismo podemos decir del audio ya que las composiciones musicales guardan el mismo estilo de títulos anteriores. Las voces están en inglés, pero la mayoría de los actores de doblajes que se han encargado de cada personaje desde la primera entrega repiten en sus papeles. En cuanto al manejo, ningún problema. El título es compatible con el Circle Pad, pero no hemos encontrado ningún inconveniente al tener que manejar la cámara con los dos gatillos superiores.
El juego recupera el espíritu y la estructura de las dos primeras entregas pero se han añadido varias novedades para potenciar las características de la máquina en la que ha sido desarrollado. A la hora de jugar hay dos directrices nuevas. La primera es el "Flowmotion", movimiento que efectuaremos con la "Y" y servirá tanto para atacar como para movernos. Esta acción nos permitirá agarrar a los enemigos (o girar en torno a ellos a gran velocidad) para desencadenar un devastador golpe que podremos seleccionar entre varias opciones. A la hora de desplazarnos podremos hacerlo por barandillas como si "grindáramos" en un título de skate o pasar de farola en farola rápidamente para cruzar los escenarios en un santiamén. A esto se suma el "Drop System", diseñado principalmente para utilizar la pantalla táctil como improvisado tirachinas: cogeremos los objetos que alrededor nuestros y con el dedo podremos calcular la distancia a la que queremos que impacten.
Claro que el juego mantiene su mezcla de rol suave con continuos combates y partes más plataformeras, pero estas dos nuevas variantes buscan dinamizar el ritmo para hacerlo más vertiginoso y aprovechas la pantalla de abajo para algo más que mostrar información de apoyo. Ni decir tiene que las tres dimensiones se activan con el regulador de la consola y lo cierto es que el efecto queda realmente bien en este título ya que el estilo de los personajes y los escenarios nos hará creer que estamos ante un cuento troquelado. En la caja del juego también encontraremos dos cartas de realidad aumentada, pero lo malo es que son de los "Dream Eaters". De estos seres hay dos modalidades, los "Nightmares" que son enemigos que nos encontraremos durante las partidas y los "Spirits" que resultan ser las versiones buenas que nos acompañarán en nuestra aventura. Podremos llevar hasta tres de ellos de forma simultánea, tienen un insoportable parecido con los Pokémons de Nintendo y, lo pero de todo, sustituyen a Donald y Goofy como compañeros. Pueden subir de nivel y deberemos elegirlos en función de sus habilidades, pero hubiésemos preferido contar con los personajes protagonistas de los mundos que visitamos como escuderos.
Conclusiones
Al final ha salido un gran juego. Quizás no para competir con las dos primeras entregas, pero desde luego deja atrás a las demás versiones portátiles y se convierte junto a Resident Evil Revelations en el mejor ejemplo de lo que pueda dar de sí esta consola. Dos pegas podemos achacarle. La primera es que los bichos que nos acompañan ni de lejos tienen el carisma necesario para salir en este juego, pero suponemos que como se trataba de una consola de Nintendo, dentro de Square Enix han pensado aprovechar que sus potenciales usuarios están más que familiarizados las mascotas de colores y han querido incluir algo parecido. Solo les falta el "¡hazte con todos!" en la carátula. La segunda tara (más discutible) la encontramos en las películas Disney seleccionadas para ambientar los mundos, y es que o se repiten de otras ocasiones o no resultan tan llamativos como los de otros juegos. Del idioma ni hablamos. Se trata de un buen juego, pero solo lo disfrutarán los que no tengan problemas con el inglés y los que consigan hacerse con una copia porque al parecer las unidades puestas a la venta no son muy numerosas. Esperemos que esto no vuelva a ocurrir y el próximo llegue en castellano, sobre todo ahora que parece que van por el buen camino.