Análisis
Aquí huele a muerto
El shooter más frenético del mercado va de zombis y lo trae Valve con un multijugador impecable.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 28/11/2008 08:03
Podremos jugar solos, siendo la inteligencia artificial quien interprete a nuestros tres compañeros, pero el juego pierde la esencia para la que ha sido creado. La compra de este título para jugarlo sin amigos es una idea nefasta, ya que se pierde la rejugabilidad en los niveles y la cooperación. Podremos acabarnos el juego en muy pocas horas (estamos hablando de una hora y media por campaña), aunque dependerá de la dificultad escogida entre cuatro posibles: fácil, normal, avanzado y experto. Por supuesto cada partida será diferente en ciertos parámetros, pero de eso hablaremos más adelante, sobre todo hay que tener en cuenta de que no se trata de una experiencia intimista como en un Silent Hill o un Dead Space en los que la soledad del protagonista es un factor característico, porque están sobreviviendo mientras los demás han caído. Aquí no, aquí somos parte de un grupo que nos necesita tanto como nosotros a ellos y esa relación de dependencia está perfectamente conseguida.
Que el juego potencia el multijugador es algo que ya tenemos claro y desde la compañía desarrolladora han puesto todos los medios para que la experiencia de juego sea la óptima en todas sus vertientes. La mejor opción sigue siendo Xbox Live y para la ocasión se han establecido servidores exclusivos para que se minimicen los problemas al jugar con jugadores de otros países. Si no tenemos de una cuenta G podremos decantarnos por el modo interconexión (una tele, una consola y una 360 por jugador hasta un límite de ocho) o el socorrido modo a pantalla partida. Éste último es exclusivo de esta versión y podremos elegir la división que mejor se ajuste a nuestro criterio (horizontal o vertical) para que dos jugadores sobrevivan a este holocausto (ojo, también se puede jugar en línea a pantalla partida).
El modo “Campaña” es el principal aliciente del juego, pero se ha introducido un modo “Enfrentamiento” en el que cuatro jugadores intentarán llegar hasta el final del nivel y otros cuatro controlarán a los infectados para detenerlos. Después de acabarnos el juego se convertirá en el principal atractivo para amortizar la inversión realizada. Cada vez que aparezcamos, manejaremos a uno de los cuatro tipos de zombis que hay disponibles de manera arbitraria, pero al igual que en el modo “Campaña” aquí tendremos que sincronizar los movimientos para diezmar el grupo de supervivientes. Incomprensiblemente sólo podremos jugar en dos campañas de esta modalidad, “Alta médica” y “Cosecha de sangre”, dejándonos diez niveles de los veinte posibles. Una pena.
Si se criticó el trabajo de Valve a la hora de localizar The Orange Box en sus versiones de consola, ahora sólo podemos quitarnos el sombrero ante la posibilidad de elegir entre un buen doblaje (no esperéis largas parrafadas) a nuestro idioma y la versión original en ingles. También podremos personalizar los subtítulos, eligiendo si queremos que aparezcan solamente los diálogos o que en pantalla aparezcan reflejados también los sonidos (muy útil para las personas con problemas de audición). Si todas estas opciones recuerdan a las posibilidades de personalización de una película en DVD, el modo “Comentario” se extrae directamente de ellas: podremos “andar” por los escenarios sin que los infectados nos ataquen e interactuar con los nodos de comentario que nos desvelarán detalles de la producción y anécdotas.
En Valve ha gustado el sistema de logros que Microsoft implantó en su última videoconsola y han decidido hacerlos suyos. Ya los hemos podido ver en anteriores juegos de la compañía en su formato de PC y aquí vuelven a escena para alargar la duración del título. El más llamativo es “zombicida máximo”, que consiste en “matar a 53.595 infectados”, que casualmente es la cantidad de zombis que existe en el juego Dead Rising más uno. Algunos de ellos nos llevarán semanas conseguirlos y siempre incentivan a que intentemos acabar un nivel de alguna manera característica. Un buen añadido.