Análisis
¡Al ataqueeeerl!
Cing y Town Factory mezclan géneros y crean un título estupendo para Wii.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 06/04/2009 03:05
Por supuesto, la agricultura y la defensa no son las únicas disciplinas que hacen falta para llevar el proyecto del reino a buen puerto, de modo que podremos invertir las ganancias obtenidas en nuevas escuelas para carpinteros (capaces de crear puentes y escaleras de madera que nos den acceso a otros puntos del mapa), leñadores (talar troncos enormes es su especialidad), arqueros, comerciantes y demás. Sin ánimo de hacer una lista de todos los trabajos presentes en el juego, diremos que con el tiempo podremos mejorar las clases para conseguir profesionales de categoría, como caballeros.
Las primeras cinco horas de juego sirven para que nos familiaricemos totalmente con la jugabilidad, obtengamos las clases básicas y comencemos a explorar el mundo. Por supuesto, hay tutoriales que explican las funciones de cada trabajo de forma sencilla, así que no hay que preocuparse. Una vez superado el umbral de estas cinco horas, el juego despliega muchas posibilidades. El mapa no es tan pequeño como parece, de hecho hay otros seis reinos alrededor que tenemos que conquistar para consolidar el poder de Arbok. Pero no adelantemos acontecimientos.
Supongamos que queremos ir a la caza de tesoros por territorio inexplorado. Lo lógico es que llevemos ciudadanos de varias clases diferentes para no quedarnos bloqueados por un obstáculo. Al principio del juego sólo podemos llevar cinco personajes con el rey, pero esa cifras e multiplica por diez en la recta final del juego, hecho que nos da una idea de la complejidad que puede llegar a tener. Si en un equipo de, pongamos, doce personas, llevamos arqueros, leñadores, soldados y granjeros, podemos tener la sensación de que dirigir las unidades es un tanto caótico, pero nada más lejos de la realidad. Con una pulsación en la dirección hacia debajo de la cruceta reordenamos las filas para tener siempre en primer lugar los oficios que nos convengan. De este modo, si nos encontramos con un tocón gigante de árbol, pulsamos la cruceta hasta seleccionar los leñadores y los enviamos hacia el objetivo con “A”. Una lista con iconos de las profesiones en la parte inferior izquierda de la pantalla nos informa de qué tipo de unidad hemos seleccionado, así que no tenemos que mirar directamente al centro para saber quiénes están en primera posición. Por supuesto, en ocasiones tendremos que enviar unidades distintas de forma prácticamente simultánea. Ilustrémoslo con un ejemplo: tenemos que cortar unos leños que bloquean el paso, pero unos bichos malvados nos atacan desde un nivel superior. Lo mejor que podemos hacer es colocar un par de arqueros para mantenerlos a raya mientras los leñadores se dedican a abrir camino.
El botón “B” del Wiimote también desempeña un papel de gran importancia, ya que permite atraer de nuevo a las tropas si la situación se complica, cosa que resulta especialmente útil en combates contra varios enemigos o contra un jefe. Los adversarios tienen patrones de ataque, así que conviene fijarse en sus movimientos para saber cuándo hay que retirar a los soldados antes de que les hagan pupita, por mencionar un caso que se dará incontables veces en la aventura. Como buen rey, el protagonista nunca hace nada, sino que da órdenes a sus súbditos. Cada unidad tiene un número de puntos de vida que hay que vigilar para evitar que se reúnan en las puertas del cielo y, en el peor de los casos, que nos hagan huir con el rabo entre las piernas o contemplar la temida pantalla de “Game Over”. Sin embargo, los daños colaterales (eufemismo para referirse a las víctimas) no son algo que nos tenga que preocupar en exceso, ya que al lado del pueblo hay una playa a la que regresan los caídos en la batalla.
En la parte superior izquierda de la pantalla hay un reloj analógico que marca el transcurso de las horas en el juego, que equivalen aproximadamente a un minuto de tiempo real. El ciclo del día y la noche siempre es un buen detalle en este tipo de juegos, y con frecuencia tendremos que volver al castillo para descansar y dejar que los ciudadanos se recuperen de tanto esfuerzo. Cada vez que nos sentamos en el trono, el ministro Hauser se encarga de hacer cuentas con los premios obtenidos para así llenar las arcas de la ciudad. El dinero nos permitirá construir casas para atraer más gente lugares en los que formar a los haraganes, aumentar el número de personajes que acompañan al rey y hasta enseñar a los súbditos alineaciones para la batalla. Hay mucho por descubrir en Little King’s Story.