El juego combina secuencias sobre raíles, al entrar en mecanismos donde se nos redirige, principalmente con los LocoRoco en el menor tamaño, a través de aberturas o toboganes por donde descenderemos a toda velocidad, norias, rampas, bouncers donde rebotaremos como si fuera un pinball, estructuras tipo Pachinko por donde caeremos, corrientes de aire, y donde tan sólo deberemos mirar extasíados a la pantalla, comprobando la genial estética y el ritmo de estas secuencias, con otros momentos más pausados, especialmente a la hora de moverse. La profusión de enemigos no es demasiado elevada, y en general, superar los niveles no será una tarea nada complicada. Por el contrario, el reto de completar al 100% cada fase, si será una tarea muy, muy complicada, ya que solamente con conseguir los 20 LocoRocos de cada nivel, tendremos que ser muy minuciosos y precisos, y casi con toda seguridad no lo conseguiremos nunca a la primera.
La introducción progresiva de situaciones novedosas, incluso en los últimos niveles, como el balón de playa que deberemos ir movimiento a cabezazos para insertarlo en unas ranuras específicas, los bloques cuadrangulares que deberemos mover y romper, las grúas móviles, los brazos tétricos de las últimas fases de nivel que nos cogerán de un pellizco, las superficies pegajosas a las que nos adheriremos para movernos por el techo, desafiando a la gravedad, las camas elásticas contra las que rebotaremos, los niveles helados donde resbalaremos, las superficies acuáticos por las que deberemos navegar, las zonas con corrientes de aire que tratarán de pincharnos contra los Toge, las fases que transcurren en el interior de enormes criaturas, totalmente orgánicas, que se deformarán a nuestro paso, consiguien que no caigamos en el tedio o la reiteración de conceptos, haciendo que estos niveles, que tardaremos en completar entre 6 y 10 minutos, en función de la longitud del nivel o de nuestra habilidad, nos ofrezcan una experiencia muy duradera y nada repetitiva.
Resulta toda una delicia la forma en la que interactuamos con el escenario, tanto en las playas, bosques, cavernas, enormes árboles, zonas nocturnas tétricas infestadas de Mojas, interiores de enormes bestias, superficies heladas, cada una de las mismas con una estética diferenciada, muy, muy personal, que sin duda le otorga un aspecto distintivo al título. Tanto los efectos aplicados al movimiento de los LocoRoco, la deformación orgánica de los escenarios, las corrientes de aire, las rápidas secuencias de toboganes o deslizamientos por half-pipes de hielo, la elocuencia y genial diseño de los enemigos y los LocoRoco, con un aspecto bastante cachondo, especialmente en las alocadas secuencias de canto, así como en las escenas donde encontramos un LocoRoco de un nuevo tipo, y ambos comienzan a conversar con curiosidad, consiguen que el juego enamore a simple vista.
La estética del juego, pese a que muchos la hayan clasificado como de juego flash, es sensacional, distintiva, y le otorga al título una apariencia de juego que lo hace muy apetecible para los más pequeños, incluso las féminas que se van introduciendo poco a poco en el mundillo, y que con un control tan simplificado, y ausencia de las clásicas secuencias plataformeras donde te caes al vacío y pierdes la vida, que tanto les molestaban.
A nivel sonoro el título es una locura total y absoluta. Los LocoRoco son unos seres muy expresivos, tanto por los sonidos que emiten, como los "Moja, Moja" cuando ven a estos enemigos, como por los gritos al concluir los niveles, así como sus peculiares y personalísimos estilos de canto, que difieren bastante, y que encajan con estilos pop, baladas, voz típicamente negras al estilo James Brown. Las melodías de las fases, cantadas en un idioma inventado, son absurdas en algunos casos, con voces de niño, voces de pito, tonos tribales africanos, sonidos en algunos casos estridentes, pero en todo caso, personalísimas y super pegadizas. Otro aspecto distintivo del título, que a algunos usuarios seguramente les pueda irritar ligeramente, pero que hace que las partidas posean una gran animación.
El título incluye una serie de sencillos minijuegos, desde las típicas máquinas que nos permiten coger con un gancho diversos premios, a otros donde tendremos que soplar a los LocoRoco, seleccionando la potencia para que recorran un gran circuito repleto de pinchos, al menor impacto perderemos la vida. Estos minijuegos deberán ser desbloqueados según progresemos por los niveles.
También dispondremos de una opción para capturar pantallas de juego, así como enviarlas a otras PlayStation Portable. Por último, y a título casi de curiosidad, el juego incluye un editor de casas LocoRoco, en principio sólo para el tamaño pequeño, más adelante desbloquearemos el tamaño mayor, pudiendo escoger para su construcción entre la enorme variedad de elementos que iremos recogiendo a través de la aventura principal, al rescatar a los MuiMui, o despertar a ciertos amigos.
En definitiva, tenemos un título originalísimo en su desarrollo y estética, aunque inicialmente el planteamiento de girar los escenarios pudiera parecer similar al Yoshi's Universal Gravitation de Game Boy Advance, que incluía sensor de inclinación, pero que se demuestra como mucho más completo y desafiante en su desarrollo. La rejugabilidad y duración del título son dignas de tener en cuenta, ofreciéndonos una experiencia distintiva, fresca, novedosa, y muy duradera, algo complicadísimo dentro de un género tan manido como los plataformas. LocoRoco es un auténtico imprescindible en PlayStation Portable, pese a que técnicamente no pueda comparse con Daxter, e inicialmente pueda parecer más simple, demostrándose de nuevo, que la originalidad y frescura que puede aportar una gran idea, normalmente simple, son requisitos que normalmente garantizan el éxito.