Análisis
Misteriosa aparición en Manhattan
¿Posesiones? ¿Poltergeists? ¿Bañeras llenas de mocos rosas? Si algo pasa en el barrio, llamad al 555-2368.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 08/06/2009 09:17
Amada y odiada a partes iguales (aunque nos decantaríamos más bien por lo segundo), la década de los ochenta está siempre en liza gracias a los crematorios radiofónicos y un buen número de películas de culto. Podríamos hablar de Margaret Tatcher, la caída del muro de Berlín, la New Wave of British Heavy Metal o los New Kids on the Block, pero vamos a ceñirnos al cine, que es el punto de partida de este artículo. Si nos fijamos en los taquillazos de la época, nos encontramos con un dominio casi absoluto de Steven Spielberg y George Lucas, sobre todo en su faceta de productores: Indiana Jones, los episodios V y VI de La guerra de las galaxias, E.T., Regreso al futuro... También están por ahí Superdetective en Hollywood y Batman de Tim Burton, pero la que de verdad nos interesa es la que nos presentó al cuarteto formado por Egon Spengler, Raymond Stantz, Peter Venkman y Winston Zeddemore. Por si queda alguna duda, nos referimos a Los cazafantasmas, que se estrenó en 1984, tuvo una segunda parte cinco años después y tendrá una tercera en 2012 con el reparto original casi al completo.
El juego de Atari no es el primero que protagonizan los cazafantasmas. Recordamos con cariño el de Megadrive y The Real Ghostbusters para Gameboy basado en los dibujos animados, pero Activision aprovechó el tirón del filme con varias entregas que vieron la luz en Spectrum, MSX, Commodore 64, Master System y, por supuesto, los sistemas de entretenimiento de la propia Atari. Muchos años después, Los cazafantasmas llega a Playstation 3 tras causar polémica con un asunto de exclusividad temporal que sólo afecta a Europa, que como siempre es el conejillo de indias del experimento.
La historia del videojuego de Los cazafantasmas no es la misma que la de las películas, así que se puede considerar continuación. Es el año 1991. Justo en el momento en que los cazafantasmas están probando equipo nuevo con Junior, el cadete al que controlamos, sienten una oleada de energía sobrenatural que azota Nueva York. La actividad proviene del museo de historia natural, lugar que acoge una exposición sobre Gozer, una deidad que resultará familiar a los fans. Tras cumplir unos encargos, los cazafantasmas llegan al museo y conocen a Ilyssa Selwyn, una arqueóloga que más tarde se verá involucrada en un asunto paranormal, y no nos referimos al interés que parece tener Venkman hacia ella. Tras muchas vicisitudes, los protagonistas darán con la fuente de los sucesos y tendrán que unir sus rayos de protones una y otra vez para salvar a Nueva York de la amenaza.
Se nota la mano de Dan Akroyd y Harold Ramis en el guión. Estamos ante un argumento que casa perfectamente con el de las películas anteriores, con un buen montón de referencias, el humor típico (no faltan los chistes malos de regusto ochentero) y las personalidades que siempre han definido a los cazafantasmas, desde la actitud socarrona del ligón Venkman hasta la condición de nerd de Egon. La guinda a un buen trabajo corresponde a las interpretaciones de Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis y Ernie Hudson, que prestan su voz a los personajes que les dieron fama. Los secundarios también son de lujo. Echamos de menos a la gran Sigourney Weaver, pero ahí están entre otros Alyssa Milano como Ilyssa Selwin (que, como ya hemos dicho, es el nuevo amor de Peter), Annie Potts, que vuelve a convertirse en la secretaria Janine, y el siempre adorable Moquete. En este sentido los seguidores no se sentirán defraudados. Bueno, ni en este ni en ninguno, porque la licencia se ha aprovechado con mucha solvencia.