El apartado técnico del juego es bastante decente. En general los escenarios logran ser suficientemente atractivos estando dotados de buen detalle, y un ligero popping no deja de ser una molestia muy ligera frente a unos gráficos bastante bonitos. Los modelados de los personajes tampoco están mal, y aunque no llegan a ser tan impresionantes o expresivos como los de Final Fantasy X, se ven lo suficientemente bien como para merecer una buena nota.
Sin embargo, tampoco aquí faltan problemas: la cámara es simplemente infernal. Aunque en un juego de este tipo poner la cámara detrás del protagonista solucionaría todos los problemas, aquí en ocasiones nos enfocan al personaje de frente, lo cual en el área donde hay enemigos se vuelve un terrible problema, pues es realmente complicado atacar a un enemigo por la espalda si no lo ves. Por ello, muchas veces nos tenemos que fiar del pequeño mapa en la esquina de la pantalla, donde se indican los movimientos de criaturas hostiles.
Otro problema es el apartado de dirección artística. Hyung-Tae Kim, diseñador de personajes bastante conocido en el mundillo, sabe dotar a sus diseños de buen detalle y originalidad, pero eso no es suficiente. Lo que cualquiera puede apreciar con solo mirar las imágenes es que los diseños de los personajes masculinos parecen más propios de
"Las aventuras de Priscilla, reina del desierto" que de un juego de rol más dramático que cómico. No es que moleste cierta feminidad en los personajes masculinos, sobretodo en un juego de estética asiática, pero cuando tienes que esperar a que el personaje hable para determinar su sexo, tenemos un problema.
El apartado sonoro también está dotado de terribles altibajos. Por un lado, la música es bastante espectacular, y dejando de lado la canción principal- más empalagosa que una nube de azúcar bañada en miel y con guarnición de dulce de leche- las composiciones musicales son muy buenas, siempre ambientando perfectamente el contexto. A veces, incluso se lamenta abandonar un escenario porque va a dejar de sonar la melodía.
Pero por el otro lado está el doblaje. Salvo Calintz y algún que otro personaje, la mayoría de los dobladores de Magna Carta pueden... o bien ser comparados con las sobreactuaciones de alguna serie de dibujos animados de bajo presupuesto que echen los sábados por la mañana... o bien parecerse más a una máquina expendedora de cigarrillos, con ese precioso "su tabaco, gracias". Aunque muchas escenas, gracias a Dios, no están dobladas, las voces en combate son garantía de que no vamos a poder librarnos de esas horribles entonaciones, por lo que solamente queda acostumbrarse a las mismas.
En conclusión, Magna Carta funciona a medias, es un repertorio de altibajos. Una buena historia, diálogos bien escritos, gráficos, música y un sistema de combates medianamente ocurrente pierden fuerza ante demasiada linealidad, excesivos topicazos, nivel de dificultad mínimo y un doblaje llegado del Averno para torturar nuestras almas. Es una pena que al final el juego sea demasiado decepcionante, pues de haberse solucionado algunos detalles que fastidian terriblemente la experiencia del juego, estaríamos ante un gran RPG.