Análisis
Los clásicos nunca mueren
Mario Kart 64 es de esos juegos para los que no pasa el tiempo, a pesar de que hayan recibido nuevas entregas. En Viciojuegos lo recordamos.
Por Juan Palma
| Publicado el día 30/12/2005 21:29
El modo VS consiste en correr carreras independientes en los circuitos del modo GP sin karts controlados por la CPU, tan sólo jugadores humanos a pantalla partida. Aquí no hay puntos, tan sólo unas estadísticas de partidas ganadas y partidas perdidas que salen entre carrera y carrera y que se van acumulando, si bien no se quedan guardadas en el cartucho si se regresa al menú principal. Tras cada carrera, se podía cambiar de kart y/o de circuito. Por simple que pueda parecer esta modalidad de juego, los piques en ella eran interminables y seguro que ahora mismo más de uno lo está recordando.
El modo batalla (Battle) viene a ser casi lo mismo que conocimos en Super Nintendo, de hecho es un modo que es presencia obligada en todos los títulos de la saga. Este modo se desarrolla en circuitos cerrados especiales para ello, a modo de arenas de combate, por lo que no existe ni línea de salida ni de meta. Cada kart lleva enganchados tres globos, y el objetivo es destruir los de los rivales al tiempo que evitamos perder los nuestros. Esto se hace a base de utilizar ítems, es decir, lo mismo que haríamos en una carrera convencional para fastidiar a los rivales. Los jugadores que pierdan sus globos irán siendo eliminados de la carrera, y el último superviviente será el ganador. Al igual que en el modo VS, el juego va acumulando las victorias y derrotas, pese a no guardarse en el cartucho.
En apariencia, para alguien desconocedor de la filosofía "Mario Kart", esto que acabamos de ver puede parecer poco en comparación de cualquier otro título de conducción. Sin embargo, hay mucho que ver en este juego...
Para empezar, los circuitos no son circuitos normales y corrientes. Todos están inspirados en ambientaciones y entornos extraídos de diversos juegos de Nintendo, y todos ellos tienen vida propia. No son circuitos inertes sobre los que correr, sino que tienen decenas de elementos interactivos, algunos pensados para ayudar, y otros para fastidiar. Desde topos que saltan desde el subsuelo a trailers y autobuses, pasando por rocas gigantes despeñadas, en Mario Kart 64 pocas cosas hay que se puedan considerar como habituales.
Los circuitos apuestan por una mayor variedad de la vista en Super Nintendo, aquí no veremos varios circuitos ambientados en el mismo marco, sino que todos son completamente distintos. Además, olvidáos de aquellos circuitos planos que estaban siempre a ras del suelo, ahora las pistas cobran volumen con rampas, saltos, desniveles, puentes y todo tipo de cosas que aumentan las posibilidades de cada carrera. Por citar algunos, mencionaremos la autopista (con tráfico incluido), el genial castillo de Bowser, la jungla de Donkey Kong, el enrevesado circuito de montaña de Yoshi, un desierto con tren incluido, la inevitable pista estelar y hasta el mismo castillo de Peach que aparece en Super Mario 64.
Entre los ítems nos encontramos los clásicos de siempre, más algunas novedades incorporadas en Mario Kart 64 y que a la postre repetirían aparición en futuras entregas. Los ítems se encuentran en cajas de colores repartidas por diversas zonas de los circuitos. Al romper una de estas cajas, obtendremos un ítem de forma aparentemente aleatoria, ya que en realidad, según la posición que tengamos en la carrera, el juego decide a qué ítems podemos optar. Por ejemplo, si vamos los primeros, no conseguiremos nada espectacular, tan sólo algunos ítems defensivos, sin embargo, si vamos algo peor, podremos conseguir cosas más jugosas.