Las cáscaras de plátano son un clásico en la saga, y como novedad respecto a la versión de Super Nintendo, se podían llevar pegados a la parte posterior del kart, como maniobra defensiva. También aparecieron las ristras de cinco cáscaras, que se podían soltar libremente o bien llevarlas arrastrando por detrás. Los caparazones de tortuga también son otro clásico, y los hay de dos tipos: verdes, que van en línea recta y rebotan contra todo, y rojos, que van teledirigidos hacia el rival más cercano. Se pueden llevar tres al mismo tiempo, usándolos a modo de escudo mientras giran alrededor del kart o bien para reservarlos. Los champiñones siguen sirviendo para conseguir un acelerón en el kart, y como novedad se podían conseguir de tres en tres o incluso de forma ilimitada durante un breve espacio de tiempo. Otro objeto más o menos habitual era la caja de ítems falsa, ideal para dejarla junto a los ítems verdaderos esperando a que un incauto se acerque a recogerla.
Otros objetos menos habituales eran el fantasma, con el que conseguir invisibilidad y robar ítems a los enemigos; el caparazón azul, que ataca siempre a quien vaya en la primera posición; el relámpago, para encojer a los rivales; y la valiosa estrella, que otorga inmunidad, posibilidad de hacer patinar a los rivales al tocarles y un incremento de velocidad sustancial.
Pero si hay algo que hubiera que destacar por encima de la variedad de circuitos y de ítems, es la jugabilidad. No es ninguna novedad que Nintendo suele centrar sus esfuerzos en este apartado, máxime en juegos de este tipo, donde es un aspecto fundamental para lograr esa diversión sin igual. Los controles de Mario Kart 64 están bastante simplificados, un botón para acelerar y otro para frenar, más el botón para lanzar objetos y otro para derrapar en las curvas. Todo muy cómodo y fácil de controlar, tan sólo la técnica de acelerar en los derrapes requiere algo de práctica.
En cuestiones técnicas no se puede decir que Mario Kart 64 fuese una revolución, siempre dentro de lo que suponía ser uno de los primeros juegos de una nueva consola. No obstante, era muy de agradecer que los circuitos se pasaran a las 3D, ya no por cuestiones visuales, sino también jugables, ya que los circuitos planos de Super Nintendo no daban tantas opciones ni tanta variedad. Mario Kart 64, como ya dijimos antes, añade mayor profundidad con todo tipo de elementos a distintos niveles, además de ser circuitos más largos y complejos que los anteriores. Los personajes, eso sí, eran sprites 2D prerrenderizados, pero la verdad es que eso no se llegaba a notar y el resultado era muy bueno. Hay auténticas maravillas visuales, como el castillo de Bowser, la jungla de Donkey Kong o la autopista de Toad.
La parte sonora es quizá la menos buena (que no mala), cumple sobradamente su cometido aunque sin destacar especialmente. Cada circuito tiene una melodía propia acorde a su ambientación, por lo que variedad hay de sobra. En su gran mayoría, son piezas de estilo desenfadado y "fiestero", justo lo que se pretende con este juego. Los efectos sonoros incluyen algunos samples de los protagonistas, que son pequeñas voces que se escuchan al ganar una carrera, al acertar con un ítem o al sufrir las perrerías de los rivales.
Conclusiones
La verdad es que uno no sabe que decir que no se sepa ya. Estamos seguro que todos conocéis de sobra la saga Mario Kart, y en concreto, esta edición de Nintendo 64 es todo un clásico para el que no pasa el tiempo. Tras ciertos experimentos que no cuajaron en Gamecube y una entrega de Gameboy Advance muy parecida a la de 16 bits, Mario Kart 64 sólo rivaliza con Mario Kart DS como mejor juego de la saga. Si tenéis una Nintendo 64 y aún no os habéis hecho con esta joya, os recomendamos encarecidamente que lo hagáis ya. Pasarse tardes enteras con los amigos jugando a este tipo de juegos es una costumbre totalmente atemporal.