Análisis
Los eternos rivales vuelven a ser amigos
Mario y Sonic comparten cartel por tercera vez y nos llevan a Londres a competir en una generosa oferta de disciplinas deportivas.
Por Juan Palma
| Publicado el día 20/02/2012 08:08
Cuesta creerlo, pero lo cierto es que a estas alturas ya no se nos hace raro ver a Mario y a Sonic, los eternos rivales, compartiendo espacio en la imagen de la portada de un videojuego. Y contra todo pronóstico han hecho buenas migas, así que no es de extrañar que Nintendo y Sega hayan decidido repetir la experiencia y traernos de nuevo el videojuego oficial de los Juegos Olímpicos, que este año tocan en Londres, con la desenfadada apariencia de este particular crossover.
La premisa de este Mario y Sonic es aparentemente similar a la de la versión doméstica para Wii, pero en muchos sentidos lo convierte en un videojuego diferente, como iremos viendo. Sigue gozando de una amplia cantidad de disciplinas deportivas, cerca de sesenta, que abarcan desde la vela hasta el ciclismo pasando por el judo o el tiro con arco, pero son versiones simplificadas y con controles modificados para aprovechar las características de Nintendo 3DS. Se trata de algo intencionado, ya que en realidad la portátil podría acoger el perfil de control de la versión de Wii sin grandes modificaciones, pero Sega ha optado por una experiencia de juego más cercana a la de los minijuegos y más apta para partidas rápidas en lugar de una simple conversión.
Esto es bueno y malo al mismo tiempo. Por un lado, es cierto que el juego ha perdido profundidad, ya que muchos de los deportes están simplificados a la mínima expresión, como sucede por ejemplo con el voley playa, en el que el movimiento de los personajes es automático y nosotros sólo tenemos que pulsar botones en los momentos adecuados. Pero también es positivo, ya que abre la puerta al uso de todo tipo de controles que otorgan al juego de una magnífica variedad, como el uso de la pantalla táctil tanto con los dedos como con el lápiz, el giroscopio e incluso el micrófono. Los juegos se basan principalmente en la precisión y en la habilidad, en hacer movimientos o pulsar botones en el momento adecuado, y no tanto en machacar botones como solía ser tradición en los clásicos Track & Field. Y aunque también hay algo de machacar botones, el juego premia más una buena cadencia que una gran velocidad.
En algunos casos, el uso de estos controles poco convencionales parece tener poco sentido y estar metidos con calzador, como tener que gritar (literalmente) en la halterofilia o que dos deportes tan aparentemente iguales como el bádminton en solitario y el bádminton por parejas tengan controles tan diferentes. Pero pensamos que esto es en realidad algo bueno, porque el juego gana en variedad y evita que podamos tener la sensación de que hay deportes de relleno. Aunque cada prueba dure apenas un minuto, se nota que Sega ha trabajado en cada una de ellas, algo que valoramos pese a que tenga como contrapartida una pérdida de realismo.
Para todo esto el juego ofrece diversas modalidades. La más básica y más adictiva a la hora de ponerse a conseguir medallas y desbloquear coleccionables (lo cual nos llevará muchas horas) es el modo olímpico para un jugador, en el que podemos elegir cualquiera de las casi sesenta pruebas con intención de mejorar los récords. Si resulta abrumador, el juego ofrece el modo "Partida combinación", una interesante opción que propone una serie de listas de reproducción que agrupan deportes por diferentes criterios, como por ejemplo por tipo o por perfil de control utilizado. También permite crear combinaciones personalizadas con nuestros deportes favoritos.