Análisis
El camino del ninja
Klei Entertainment nos presenta uno de los mejores títulos de sigilo de hace muchos años con una elegancia increíble.
Por Rodrigo Aliende
| Publicado el día 17/10/2012 09:13
Es evidente que a los integrantes de Klei Entertainment les gusta la violencia y la brutalidad. Sin embargo, después de una propuesta tan directa y sin concesiones como Shank, este humilde estudio canadiense apuesta por todo lo contrario, sutileza y sigilo, en su nuevo juego descargable, nuevamente exclusivo para Xbox Live Arcade. La dirección artística sigue siendo marca de la casa, pero es en la jugabilidad donde Mark of the Ninja triunfa de verdad.
El protagonista de esta aventura es un ninja anónimo, que ha recibido unos tatuajes cuya tinta especial le aporta habilidades extraordinarias. La villa es atacada y nuestra misión es llevar la batalla hasta la base del enemigo y acabar con él. Aunque la historia es prácticamente funcional, en el final del juego se aprecia que tiene más importancia de lo que parece.
Mark of the Ninja es, en esencia, un juego de scroll lateral y sigilo. Aquí no existe la posibilidad de decidir entre la acción y la infiltración, ya que lo primero lleva, sin lugar a dudas, a la muerte. El único hueco para la decisión es si matar o dejar vivir, pero siempre desde la sombra. Nuestras armas son, principalmente, la katana, las herramientas y la oscuridad.
Para realizar las ejecuciones sólo es necesario presionar el botón y la dirección indicada. Gracias a que controlamos un ninja perfectamente entrenado, no hace falta que estemos en suelo firme para acabar con las vidas de nuestros enemigos. En un principio, hay ciertas limitaciones, pero con la experiencia conseguiremos nuevas posibilidades, como atacar desde arriba, desde un borde, desde un contenedor o colgado de una farola.
A pesar de todas las habilidades que poseemos, matar no siempre es tan fácil como acercarse a un soldado y cortarle el cuello. Las distracciones son esenciales para avanzar y para eso necesitamos tirar de nuestras herramientas. Romper una luz, hacer sonar un gong o lanzar directamente una daga al enemigo son formas de llamar su atención y pillarlo desprevenido. Contamos con más utensilios, tanto de ataque como de defensa: la bomba de humo es útil para confundir, el petardo para despistar, el puñal envenado para aturdir...
Otra de las armas que tenemos a nuestra disposición es el propio miedo de los enemigos. Encontrarse en plena noche a un compañero asesinado y colgado de una farola no debe de ser lo más tranquilizador del mundo, por eso los guardias pueden entrar en pánico. En este estado son mucho más susceptibles y reaccionan a cualquier mínimo ruido o movimiento o incluso a nada. En teoría, es más difícil matarlos así sigilosamente, pero tiene sus ventajas. Cuando están con tanto miedo en el cuerpo, son de gatillo fácil y el fuego amigo tiene sus peligros. Además, un paso en falso puede hacer que se resbalen y caigan al vacío.