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Master Chu and the Drunkard Hu
La coprofagia deja mejor sabor de boca
Durante la historia, muchos pensadores, teólogos, filósofos y demás, han intentado demostrar la existencia de un ser todopoderoso y creador del universo, es decir, la existencia de Dios. Lo que seguro que no sabían Santo Tomás, Marsilio Ficino y compañía es que en 1989 aparecería un "juego" que demostraría que Dios, en efecto, existe. Sí, Dios existe, y nos odia. Por eso existe Master Chu and the Drunkard Hu. Es completamente imposible e inconcebible la existencia de una basura semejante sin tener en cuenta la intervención divina, por lo tanto determino que divinidad tal debe existir. Creo que no exagero al afirmar que el juego aquí analizado es sin duda alguna la cosa más dantesca que existe y existirá jamás en la historia de los videojuegos, y quizá el mayor atentado al buen gusto del post-modernismo excluyendo a Yola Berrocal.
Es difícil pensar por donde se podría comenzar una crítica a este juego. Imagina a los mejores diseñadores de videojuegos colaborando con el equipo gráfico más excelente, apoyado por grandísimos compositores modernos, todos ellos trabajando en un mismo juego. Desconozco cual sería el resultado, pero puedo afirmar que obra tal no se parecería en nada a Master Chu and the Drunkard Hu. Pero bueno, hacer chistes malvados acerca de lo terrible que es este juego es muy fácil, por lo que es mejor que nos dediquemos a un correcto análisis de esta pieza única en su especie (gracias al cielo).
El argumento de este juego se destaca por su simplicidad. Es inexistente. Las circunstancias que han llevado a Hu y a Chu (Hu-chu, hu-chu) a iniciar su estúpida misión de hacer cosas estúpidas son completamente desconocidas, pero no es que importe, porque aunque el argumento fuese comparable a Metal Gear Solid 2, seguiría siendo el juego más horroroso del universo. La mecánica del pseudo-juego es muy sencilla, y también bastante dolorosa. Puedes elegir entre un jugador o dos en colaboración, siendo el segundo jugador el gordinflón Hu. A través de diez niveles enanos, tu objetivo es recoger ocho representaciones del Yin y el Yang que aparecen cuando golpeas objetos aleatorios que se supone que son cofres, o algo así. Lo mismo da, la cuestión es que una vez recogidos los símbolos, una fuerza mágica nos transportará a una puerta que aparecerá en el escenario, llevándonos a la fase del jefe, contra el que libraremos un durísimo combate que consistirá en dejar que nos hiera y aprovechar los segundos de invencibilidad que tenemos tras esto para destruirlo. Este jefe, como cabe esperar, será igual al jefe de la anterior pantalla pero de otro color, aunque a veces incluso será capaz de tener un aspecto diferente. Siguiendo los patrones de calidad del resto de los enemigos, la inteligencia artificial de este jefe no será exactamente algo a adular, por no decir que su único esquema de movimiento es ir corriendo de lado a lado de la pantalla disparando proyectiles sin parar. ¡Que bien, que divertido, ahora que alguien me pegue un tiro! Desconozco también que ha llevado a los creadores del juego a decidir que los objetos que deberíamos recoger son símbolos del Yin y el Yang, porque con esto solamente han logrado ofender a la colectivo taoista chino, que debería buscar a los creadores de este cartucho y descuartizarlos vivos. Estoy seguro de que en algún lugar de la península de Huan, Lao Tse se revuelve en su tumba y reniega de haber escrito el Tao Te Ching, visto el uso que ha hecho la cruel ex-empresa Joy Van de uno de sus símbolos más clásicos.
Con respecto a los controles, basta con decir que es admirable como con una consola de dos botones y un pad se ha logrado hacer algo tan horroroso. Tendremos dos ataques, ambos prácticamente inútiles. El primero consistirá en pulsar el botón A y comprobar como Chu o Hu lanzan un objeto redondo, que podría ser desde una pelota hasta una bola de mocos, la cual en muchas ocasiones desaparece antes de impactar contra un objeto. Cabe añadir que conseguiremos los clásicos "power ups" que harán que en lugar de una bola de moco, disparemos tres, haciendo nuestra capacidad de ataque triplemente inútil. El segundo ataque, más inútil si cabe, consiste en usar un abanico con la bandera de Japón para desviar los proyectiles, a pesar de que movimiento tal dejará de tener utilidad al principio del juego, dado que pasados ciertos niveles, no podremos devolver ataque alguno. Sin embargo, la estética de este movimiento me lleva a una pregunta: ¿Por qué carajo sale la bandera de Japón en el abanico si, dados los nombres de los protagonistas y los símbolos taoistas, el juego transcurre en China? Creo que es mejor no pensar en ello.
Por último, pulsando con el pad hacia arriba se salta. Esto parecería no tener ningún inconveniente si no fuese por el hecho de que por alguna extraña razón Chu y Hu deben ser grandes acróbatas, porque dan unos saltos capaces de enviarte a la estratosfera, cosa no demasiado práctica cuando el techo está lleno de trampas. ¡Hurra!
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