Pese a no ser una tésis compartida por todos, a través de la historia muchos pensadores han puesto en cuestión la capacidad de libertad del ser humano. Desde Zenón a Freud, han sido muchos los que han defendido que estamos atados a las limitaciones que nos ofrece la naturaleza, que van mucho más allá de lo meramente físico, pues también diseña para nosotros unos esquemas mentales de los que no podemos escapar. Metal Gear Solid sigue esta idea determinista, y es que se nota que Kojima se ha leído a Schopenhauer (Desde VJ animamos a los visitantes a leer libros...bueno, yo lo recomiendo), para traer con ella uno de los argumentos más apasionantes de la historia de los videojuegos. La idea, como he dicho, prestada del vitalista alemán del siglo XIX, parte de que como seres humanos tenemos la voluntad de vivir en el cuerpo, el rehusar de aquello que ponga nuestra vida en peligro, y como seres vivos encontramos- aunque sea inconscientemente- la necesidad de transmitir nuestro código genético por medio de la reproducción, como si esto fuese a evitar nuestra desaparición del mundo, dado que dejaríamos como legado a nuestros primogénitos.
Dejando de lado todo el tema acerca del conductivismo y entrando más en lo que es Metal Gear Solid, deberíamos hablar de sus anteriores entregas, aparecidas para NES y MGX. El primer Metal Gear (Sin el Solid) fue una idea surgida a raíz de las huidas de este creador de videojuegos, Hideo Kojima, para fumar en horas laborales sin que su jefe le pillase (Y dicen que el tabaco es malo). Si substituimos al jefe por malvados terroristas que conspiran, a los compañeros de trabajo por especialistas en espionaje con intenciones escondidas, a los cigarrillos por armas y a los tristes cubículos por bases militares en medio de la selva, podremos hacernos a la idea de que fue el primer Metal Gear. Pese a resultar un juego verdaderamente primitivo, consiguió ofrecer una jugabilidad bastante buena y regalarnos una historia de lujo, algo raro en un tiempo donde los argumentos no solían pasar de un "recoge setas por ahí y salva a la princesa cursi de una tortuga con corona".
Pero para que engañarnos, pese a su genialidad, Metal Gear no era un juego legendario en la memoria de los jugadores, que tenían en el podio de piezas clásicas a Zelda, Mario, Metroid y demás genialidades de Nintendo para su consola de ocho bits. Sin embargo, antes de su salida en PSX, Metal Gear Solid, tercera entrega de la saga, ya hizo babear a más de uno. Konami prometía con este juego una verdadera revolución en el género, algo que haría las delicias entre todos los jugadores, fuesen o no aficionados al género. Lo cierto es que tenía todas las papeletas para el éxito: Héroe carismático, buen doblaje, gráficos, mecánica de juego novedosa, argumento, gráficos y música. La verdad es que el éxito que tuvo fue el merecido, se vendieron miles de copias, haciendo de Metal Gear Solid una de las mejores inversiones de Konami, y logrando que el nombre de Hideo Kojima subiese al estrellato con Shigeru Miyamoto, Hironobu Sakaguchi o John Carmack.
Lo cierto es que cuando conseguí este juego llevaba bastante poco tiempo en el mundo de PSX, ya que era poseedor de una Nintendo 64. Cuando lo vi en las estanterías del videoclub, pensé que se trataría de otro juego de acción clónico con cuatro detalles nuevos, un argumento pretencioso pero estúpido y en fin, un juego increiblemente sobrevalorado. Las primeras dos horas de juego demostraron que me había equivocado estrepitosamente, no cabía duda, Metal Gear Solid era una obra maestra.
Hola, soy Snake, y soy un tío duro
|
Y yo pensaba que sería un juego mediocre...
|
¿Se le marcan los músculos a Snake o realmente es tan ridículo su uniforme?
|