Si tuviéramos que destacar algo más además de la jugabilidad, eso sería sin duda la ambientación. Por encima incluso de los aspectos técnicos (de los que hablaremos después), la genialidad de este videojuego se hace patente en la dirección artística. El diseño de los escenarios es sencillamente soberbio, muchos de ellos nos dejarán con la boca abierta nada más verlos, y los hay para todos los gustos. Desde áreas desérticas hasta laboratorios, pasando por zonas pantanosas o ruinas, pero todo con un aspecto que resulta ser una efectiva mezcla entre lo místico y lo
hi-tech. Éter Oscuro tiene su propia ambientación, mucho más oscura y a la vez más simplificada en general. Ni siquiera hace falta estar jugando para darse cuenta de la gran labor artística, los artworks y storyboards son una excelente muestra de ello. Incluso esto mismo lo podemos notar desde los propios menús del juego, que ya impactan antes de siquiera empezar a jugar. Tampoco podemos olvidarnos de la gran cantidad de secuencias cinemáticas que veremos en Echoes, nunca vista hasta ahora en la saga. Más que la cantidad, deberíamos destacar su calidad por su increíble producción, con planos y secuencias casi propios de una película.
La banda sonora también hace su parte a la hora de generar la ambientación. Los temas principales son también una mezcla entre lo místico y lo hi-tech, según el escenario, además de los temas propios de la dimensión oscura, casi inexistentes y puramente ambientales. Nos hemos encontrado con una grata sorpresa al escuchar melodías extraídas de
Super Metroid, como "Theme of Samus Aran", que podemos escuchar durante una de las cinemáticas, o el tema de Maridia, para la zona submarina.
Se nota también el esfuerzo por parte de Retro de aumentar la carga argumental en este Metroid Prime 2: Echoes. Como sucedía con la primera entrega, podemos conocer tanto argumento como queramos, gracias a la cantidad de archivos y documentos que podemos escanear. Resulta cuanto menos interesante leer los diarios de los marines, de los Piratas Espaciales, y, sobre todo, los archivos de los Luminarios, en los que relatan los inicios de la guerra y sus ofensivas contra Éter Oscuro. Leerlos o no es decisión de cada uno, ya que en esta segunda entrega podemos escanearlos sin necesidad de llegar a leerlos, dando la opción de conseguir un porcentaje elevado de documentos escaneados sin ver su contenido.
Como decíamos casi al inicio de la crítica, una de las novedades que aporta Echoes a la saga es la inclusión de un modo multijugador. Este modo fue, desde el principio, algo mirado con mucho escepticismo. La saga Metroid siempre ha estado caracterizada por la sensación de soledad que transmite, y un modo multijugador rompe esa filosofía. Existen dos submodos: venganza y codicia. El primero es como un deathmatch que podemos configurar con un número de muertes o bien por tiempo. El modo codicia consiste en conseguir la mayor cantidad monedas posibles, bien atacando a los demás, o bien por medio de cofres que pueden aparecer. Los mapas están diseñados para permitir esconderse y escapar, con algunos mecanismos vistos en el modo principal (como los cañones para la morfosfera). Durante el juego podremos conseguir habilidades, armas o potenciadores al azar, como mejorar la eficacia del armamento, o técnicas especiales como la posibilidad de hackear las armaduras de los enemigos y provocarles fallos. Del multijugador echamos en falta la presencia de bots, o rivales controlados por la consola. En cualquier caso, dada la naturaleza del juego, este modo pasa como algo puramente anecdótico, y no como algo trascendental. El verdadero juego está en el modo principal.