Análisis
Una de zombis con montaje del director
Grave Danger es una nueva versión de Battle for Suburbia, aparecido en Xbox 360.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 05/09/2008 01:34
La mecánica de Monster Madness es bastante sencilla, como es habitual en el género al que pertenece. La acción se ve desde perspectiva cenital y la cámara está bastante alejada del personaje, por lo que es fácil controlar por dónde se acercan los monstruos que quieren dar cuenta de nosotros. Controlar al personaje resulta bastante sencillo. Tenemos un botón para saltar, otro para atacar con un arma cuerpo a cuerpo (extrañamente, en el juego se denominan ataques melé) y otro para hacer un ataque especial. Sin embargo, este tipo de golpe tiene una restricción. Aunque un personaje puede usar cualquier arma que recoja, tiene que tener equipada una específica para poder emplearlo. Por ejemplo, el arma de Carrie es la espada, pero la ideal para Andy es un desatascador gigante. Es la única diferencia que hay entre un personaje y otro, aparte del ataque especial, claro está.
Una de las cosas que ha mejorado con respecto a la versión de 360 es la posibilidad de dirigir el fuego de las armas a distancia con el stick derecho. Algunas son bastante útiles, como las pistolas de clavos y el lanzallamas, pero otras no nos servirán de mucho. Al menos hay variedad, cosa que no se puede decir de las de corta distancia, que se encuentran desperdigadas por los escenarios muy de vez en cuando. Con el gatillo L2 podemos seleccionar también granadas y cócteles Molotov, pero quedan en desuso en cuanto el jugador se da cuenta de que son imprecisas y difíciles de utilizar.
Para hacernos con un arsenal completo, lo que tenemos que hacer es localizar en cada fase el camión de Larry Tools, un individuo que nos las vende por un buen puñado de gemas azules. Estas gemas se obtienen aniquilando enemigos. Sin embargo, también es necesario localizar las cajas de herramientas que hay en cada nivel, ya que esconden los objetos necesarios para construirlas. Por ejemplo, para obtener una escopeta es necesario pagar un número determinado de gemas y entregar los materiales que Larry necesita para fabricarla: cinta aislante, tornillos, plutonio... Sin embargo, no es el único servicio que ofrece el camionero, ya que en su tienda podemos adquirir munición, armas arrojadizas, pociones curativas y accesorios que aumentan los parámetros de ataque, defensa y vitalidad.
Las armas no son el único recurso de los personajes, ya que en algunas situaciones podemos montar en vehículos como ovnis, tanques y buggies. Además, a veces podemos transformarnos en monstruos tan temibles como zombis, demonios, hombres lobo y vampiros. La pega es que el control de los vehículos y transformaciones es un suplicio, tanto por la inercia del movimiento que tienen como por la dificultad a la hora de realizar ataques. Se mire por donde se mire, la idea de hacer ataques cuerpo a cuerpo con el stick derecho es totalmente absurda. El stick funciona mejor (dentro de lo que cabe) para pegar tiros desde los vehículos, pero en algunos casos hay que compaginar el manejo del analógico con el de los gatillos para acelerar y frenar. ¿Suena mal? Pues es peor. Lo cierto es que estos añadidos, lejos de mejorar la experiencia jugable, representan las partes más tediosas de Monster Madness, que ya es decir.
Por si fuera poco todo lo visto anteriormente, comencemos a hablar en profundidad de los problemas jugables de Monster Madness, demasiado numerosos para tratarse de una revisión de un título aparecido hace más de un año.
Grave Danger es un juego repetitivo, sí, pero no deja de ser una característica inherente a casi todos los juegos del género. Sin embargo, aquí la cosa está más allá, ya que la jugabilidad está excesivamente descompensada. A pesar de que los programadores han intentado dotarlo de variedad con la inclusión de un buen número de armas, lo cierto es que las únicas efectivas son las de ataque cuerpo a cuerpo y unas pocas de fuego.
Por otra parte, los asedios enemigos no se rigen mediante una buena inteligencia artificial, sino que se fundamentan en la superioridad numérica. De una sentada nos podemos enfrentar a una cantidad ingente de monstruos, algunos de ellos grandes y con una cantidad de vida que asusta. Lo cierto es que el jugador no hace más que recibir palos por todas partes y morir cada poco tiempo, independientemente del nivel de dificultad que haya escogido de los cuatro que hay en total. Morir no es tan malo como parece, ya que tenemos vidas infinitas y lo único que perderemos es una pequeña cantidad de gemas, al estilo Lego Star Wars. Algunos enemigos son mucho más rápidos que nosotros y, en cuanto uno está acorralado y recibiendo un golpe tras otro, la experiencia es terriblemente frustrante. Sumémosle a esto que algunos nos pueden hacer agarres: al décimo consecutivo lo más normal es perder la paciencia. De no ser por el recurso de las vidas infinitas, que como poco es muy discutible, nos encontraríamos ante un título de dificultad estratosférica, por no decir directamente imposible.