Análisis
Hacia rutas salvajes
Pacific Rift mejora lo visto en el primer Motorstorm, que no es poco.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 20/10/2008 18:07
No queremos dejar pasar la oportunidad de elogiar el ajuste en la dificultad. Los primeros tres rangos son asequibles para el jugador medio, pero a partir de ahí la cosa empieza a complicarse de manera progresiva. Como en todo juego del estilo, muchas veces tenemos que repetir las carreras para mejorar los resultados obtenidos, pero en este Motorstorm no resulta frustrante sino satisfactorio.
Dentro del apartado “Diversión violenta” encontramos los demás modos que ofrece Pacific Rift, entre ellos los clásicos “Contrarreloj” y “Partida rápida”. Afortunadamente, la inclusión de un modo para un máximo de cuatro jugadores a pantalla partida con la posibilidad de incluir rivales controlados por el sistema resuelve sin lagunas la mayor carencia del juego original. El modo online se mantiene, pero esta vez el máximo de jugadores simultáneos se amplía de 12 a 16. Las partidas por Internet no presentan problemas y pueden ser amistosas o clasificatorias, pero siempre configurables a gusto del consumidor. Por supuesto, podemos consultar las clasificaciones mundiales en todo momento. Como se puede ver, el título no decepciona en este sentido.
Hablemos de lo más importante, la jugabilidad, que se mantiene prácticamente intacta. Disponemos de ocho tipos de vehículos entre los que hay un abismo de diferencia en términos de conducción: moto, buggy, quad, ranchera, coche de rally, camión, todoterreno y camión monstruo, la incorporación estrella del garaje. Todos tienen unas características definidas de velocidad, manejo, tracción, durabilidad, aceleración y maniobrabilidad, de modo que es más fácil desenvolverse con unos que con otros en un circuito determinado. Por ejemplo, la moto es más veloz que el todoterreno, pero éste tiene mayor adherencia en superficies resbaladizas. El tamaño también es un factor que debemos considerar, ya que los circuitos están repletos de bifurcaciones y sólo los más pequeños se pueden deslizar por algunos caminos. Desde la moto hasta el camión monstruo, dominar todas las bestias con motor es fundamental para avanzar en el modo “Festival”.
El control de Pacific Rift es similar al de otros juegos de conducción. Se ha perdido el manejo con el Sixaxis de la primera entrega (no es que lo echemos mucho de menos) y el sensor de movimiento se reserva para un papel más pequeño. Para acelerar y frenar se usan los gatillos, el stick izquierdo rige la dirección y el derecho la cámara. “Círculo” para el freno de mano, “L1” y “R1” para golpear a los rivales si el bólido lo permite y “X” para activar el turbo, que explicaremos a continuación.
En la parte inferior izquierda de la pantalla aparece el indicador de turbo. Podemos activarlo en el momento que queramos para dar un buen empujón al vehículo correspondiente, pero hay que saber dosificarlo bien. No se puede acelerar únicamente con él, porque si el indicador se pone a tope, nuestra montura se reducirá a cenizas como si de una película estadounidense se tratase. El turbo es fundamental para pasar con velocidad algunos obstáculos y coger impulso en los saltos más arriesgados, de forma que siempre conviene guardar un poco en la recámara. Algunos elementos del entorno afectan a esta característica del motor: al pasar por un charco o por debajo de una cascada, el turbo se estabiliza y podemos utilizarlo sin pudor, pero en las zonas con lava el medidor se dispara. Todo se traduce en que los escenarios también entran en juego a la hora de modificar la conducción: no es lo mismo pilotar por escenarios más o menos cerrados y con pocos obstáculos que sortear los charcos ardientes de Fire Zone.