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El único factor jugable que parece desmarcarse un poco del cliché plataformero es la fabricación de tus propias armas. Recogiendo pedazos de basura por el suelo, nuestro héroe puede fabricarse armas a su gusto, combinando fierros de tétanos con tapas de botella, clips y todo tipo de objetos mundanos convertidos en armas de destrucción. Aunque el sistema es bastante curioso, tampoco está dotado de una especial profundidad, en realidad la cosa consiste en ir mejorando nuestra arma a base de añadirle cosas y sustituir componentes más débiles por otros más fuertes. Nada de estados alterados o mejoras importantes, básicamente lo que se hace con un arma mejor que otra es simplemente pegar más fuerte. Es un sistema resultón, particularmente en nuestras batallas contra los inmensos y muy bien diseñados jefes, pero se podría haber explotado mucho mejor.
Sin embargo, los gráficos del juego destaca bastante. Como se ha dicho anteriormente, goza de un diseño con mucha personalidad y esto ayuda a que el juego entre bien por los ojos. Tiene un carisma único y bastante encanto; además, todos los niveles están diseñados con bastante cuidado, sentido del humor y una elección de colores muy acertada, combinando los colores oscuros y decrépitos con algunos destellos luminosos y chillones, generando una sensación de decadencia underground muy conseguida. Es una pena que la cámara no pueda ayudarnos un poco más a la hora de apreciar el genial diseño.
Por otro lado, el apartado sonoro también es bastante destacable. La banda sonora es excéntrica y posee el encanto que va a juego con el apartado gráfico, con percusiones sintetizadas que se combinan con efectos sonoros que ocurren mientras jugamos: por ejemplo, supongamos que el ritmo de la banda sonora se acompaña a su vez por el ritmo de la lluvia o el vuelo de los insectos. En este sentido el apartado es muy creativo.
En conclusión, Mushroom Men cuenta con un encanto muy personal, pero toda la creatividad invertida en el apartado técnico desaparece a nivel jugable. Es una pena, porque el juego podría haber sido realmente grande si los diseñadores hubiesen innovado tanto en ese apartado como en el técnico, pero el intento se ha quedado un poco a medias. Además, el juego es bastante corto, en unas cinco horas está superado -si descontamos los extras y los objetos que hay que recoger-, de forma que tal vez deje a algunos jugadores con ganas de más. De todos modos, cabe reconocer que es un intento bastante digno, y aunque no es todo lo que podría haber sido, es un añadido nada despreciable al catálogo de Wii.
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