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Para ganar la batalla tenemos que cumplir un objetivo principal con condicionantes. Es decir, los protagonistas no pueden morir o perdemos, a veces tendremos que conquistar ciertas áreas o eliminar a todos los enemigos según sea lo que nos pidan en ese momento. No sólo podemos destruir al enemigo, a veces tenemos capacidad de interrogarlo y facilitar nuestra tarea con la información que saquemos. Podemos conquistar torretas de defensa y usarlas a nuestro antojo cuando lo consigamos o bien podemos destruirlas. En ocasiones encontraremos unidades aliadas que se unirán a nosotros cuando contactemos con ellas. Todo esto se puede hacer perfectamente integrado en el argumento del juego, de tal manera que no ocurre como en otros juegos que parece que el argumento no es sólo una excusa para pasar de una batalla a la siguiente sino que en cada batalla tendremos pleno conocimiento de lo que estamos haciendo y para qué. Hay diálogos intermedios que nos ayudan a saber cuáles nuestros nuevos objetivos.
Los primeros niveles se pueden considerar un largo tutorial de cómo mejorar los mechs (o golems), cómo manejarlos, cuáles comprar, qué armas mejorar y montar y cómo llegar a buen término misiones complicadas. Pero la cosa comienza a complicarse a partir de la quinta o sexta misión. Lo normal será que tengamos clara inferioridad respecto a los enemigos donde un enfrentamiento directo no es nada recomendable. Tenemos que reintentar misiones muchas veces hasta que sepamos con certeza cómo optimizar cada uno de nuestros movimientos y que cada habilidad de curación se use en el momento oportuno o que guardemos partida cuando creamos que hemos hecho un turno perfecto y sin bajas. En apenas cuatro horas de juego nos vemos obligados a usar la cabeza como si estuviéramos enfrascados en una difícil partida de ajedrez.
Modos de juego
“Campaña” es el modo historia que hemos comentado. Tenemos que superar misiones y cada misión tiene un objetivo principal, uno secundario y uno secreto. El secundario es visible y el secreto tenemos que rejugar varias veces buscando conseguir más cosas: conquistar más edificios, destruir a todos los enemigos, destruir todos los edificios, etc. Los objetivos secundarios pueden ser acabar el principal con un número de turnos limitado o conquistar un determinado edificio. Cada misión conseguida desbloquea el siguiente punto de la historia, pero siempre tendremos disponibles las misiones superadas para mejorar nuestra actuación, conseguir dinero para mejoras o para conseguir los objetivos que nos falten. De todas formas, no es necesario rejugar para comprar lo necesario para continuar, aunque en la parte final del juego sería muy recomendable, ya que la inferioridad de condiciones es mucho más crítica.
En el multijugador tenemos disponible el modo online y el modo compartido ad-hoc. Tanto en uno como en otro tenemos para elegir entre más de diez escenarios en los que el objetivo es sobrevivir y ser el que tiene la última unidad sin destruir. Esto no sólo depende de las refriegas, sino de unos puntos calientes que cada tres turnos debemos ocupar con nuestras unidades. Si una se queda fuera, es destruida. Esto produce verdaderos duelos por ocupar una posición caliente, unos por conquistarla destruyendo al enemigo que la ocupa y otros por defenderla sacrificando otras unidades con tal de que una pueda ocuparla. Aunque son un curioso modo de juego multijugador bastante innovador, se nos antoja un poco pobre.
También posee un modo de juego cooperativo ad-hoc o en la misma consola (por turnos) en el que tendremos que cooperar con otro jugador para sobrevivir a las huestes enemigas. Al igual que el modo multijugador, tenemos “Escaramuza” para jugar contra la CPU con el mismo modo de juego y los mismos mapas que hemos explicado antes, pero contra la CPU.
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