Análisis
Desmembramiento compulsivo
La inmortalidad puede ser un don o una maldición. Bryce sabe un poco del tema y dedica su tiempo libre a la caza del demonio.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 03/02/2012 07:36
La muerte atormenta al ser humano desde el principio de los tiempos. Burlarla e imaginar una vida sin límites ha sido la obsesión de muchos pensadores a lo largo de los siglos. En cierta forma todo eso ha tenido que ver a la hora de representar la muerte en los videojuegos, ya que el concepto se ha manipulado, se ha expandido y se han tomado criterios para adaptarla a nuestros intereses, como con las tres vidas que proporcionaba una moneda en los salones recreativos y la moda de esperar a que nuestro personaje regenere sus heridas como si fuese un mutante. Pero Neverdead utiliza esta premisa para justificar tanto la trama como la mecánica jugable y nos coloca en la saludable piel de un inmortal que, al igual que le ocurría a Connor MacLeod, ha sufrido algo más que heridas durante su dilatada vida.
Lo curioso de este videojuego es que se ha realizado a medias entre dos empresas muy diferentes. Por un lado Konami se ha encargado de la distribución y de la concepción de todo el juego, tanto del diseño de personajes, de la historia y de idear las novedades jugables. Pero si hay nombre que hay que destacar dentro de la empresa nipona, desde luego es Shinta Nojiri en el papel de director, quien ha participado en la gestación de tres Metal Gear portátiles como son los dos Ac!d y Ghost Babel. Por otra parte, han sido los chicos del estudio británico Rebellion Developments los que han recogido toda esa información y la han plasmado en su motor gráfico. Después de varios juegos en primera persona, como Aliens vs. Predator, esta desarrolladora cambia de registro para demostrar que no quiere encasillarse y que son muy capaces de ofrecer algo distinto a los usuarios.
Who Wants to Live Forever?
Bryce Boltzmann era un altivo cazador de demonios. Su maestría a la hora de ejecutar a las criaturas del averno era conocida por todos, incluso por sus enemigos. Hace quinientos años, una de las mismas criaturas con la que pretendía acabar logró maldecirlo con la inmortalidad. Desde entonces ha vivido y sufrido más de lo que debería hacer ningún hombre. Actualmente trabaja para una organización en lo que mejor sabe hacer: localizar y exterminar demonios por dinero. Cuenta con una atractiva compañera llamada Arcadia en sus misiones, aunque realmente es su superior dentro de la agencia. Su carácter ahora es muy distinto y contrarresta con ironía y sarcasmo la amargura se apodera de su infeliz vida. Pero parece que el infierno está en ebullición, los ataques de seres horripilantes se suceden y sus servicios son cada vez más necesitados.
Lo vamos a decir ya antes de que alguno lo haga: Devil May Cry. La obra de Capcom ha sido la principal obra de inspiración para este videojuego, tanto para su historia como a la hora de utilizar fórmulas jugables. Bryce, al igual que el hijo de Sparda, emplea armas de fuego y una espada para ajusticiar a todas las criaturas que osan hacerle frente. Salta, se lanza y dispara mientras esquiva los ataques enemigos; hasta recoge fragmentos rojos que le reportan puntos de experiencia para canjear nuevas habilidades. La primera diferencia la encontramos en el control de la espada. Para utilizarla deberemos dejar pulsado el gatillo izquierdo y dibujar las estocadas con el stick derecho. Contra todo pronóstico, funciona. Y muy bien. Si realizamos movimientos de un extremo a otro del recorrido de la palanca aparecerá una estela azul que hará un daño adicional a los demonios. El otro añadido que llama la atención en el combate son los escombros. Nuestros ataques incidirán en los techos y paredes del escenario y los cascotes que salten pueden hacer daños a los bichos que nos persiguen.