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Para evitar que la experiencia de juego sea frustrante, en cada misión pueden encontrarse varios puntos que nos permiten guardar la partida y recuperar la salud, aunque esto último sólo se puede hacer una vez. La salud también se regenera hasta cierto punto una vez hemos limpiado la zona. Los enemigos dejan caer orbes amarillos que nos permiten comprar objetos y mejorar las armas en la tienda de Muramasa, representada mediante estatuas. Parece que el amable anciano no está muy por la labor de ayudar a Ryu vistos los precios que tienen las cosas. Con toda probabilidad tendremos que usar objetos para recuperar vida de vez en cuando, así que conviene tener reservas.
Sin llegar al nivel de otros juegos de 360, el apartado técnico de Ninja Gaiden II alcanza un nivel más que notable, con unos gráficos similares a los vistos en Sigma pero con algunos detalles que los hacen superiores. Sin duda, lo mejor de todo (además de la ejemplar estabilidad de la tasa de frames) son las animaciones de Ryu, muy variadas a la par que fluidas. Los enemigos también están bien recreados y en ningún momento dan la sensación de ser sacos de patatas; de hecho, tienen un repertorio de movimientos temible. En general, podemos decir que el modelado de los personajes es fantástico tanto en juego en sí como en las escenas, realizadas con el mismo motor gráfico. Tal vez sean un poco inexpresivos, pero tampoco es algo en lo que uno se fije demasiado. Por cierto, los cadáveres no desaparecen, sino que se quedan tirados en el suelo.
El diseño de los niveles también es fantástico. Al principio del juego acompañaremos a Ryu por un Tokio futurista con pagodas y cerezos en flor, pero más tarde visitaremos una ciudad inundada, la aldea Hayabusa (no podía faltar), la Estatua de la Libertad e incluso las entrañas del infierno. La mayoría de los escenarios están muy inspirados sin ser un derroche de originalidad. Algunos preferirán el Japón clásico a las ruinas de Nueva York, pero la apuesta por la variedad se recibe con los brazos abiertos. Todos son grandes (aunque lineales) y las texturas se ven bien. Las manchas de sangre a veces se quedan suspendidas en el aire y el efecto de la superficie del agua podría estar mejor, pero son cosas que no empañan el resultado final.
La música acompaña bien a la acción y se las apaña para ambientar sin problemas con temas de calidad que, a veces, pueden resultar algo machacones. Lo cierto es que casi siempre están en un segundo plano con respecto a los efectos de sonido, tan buenos como siempre y en muchos casos los que ya conocíamos. En el menú de opciones se puede escoger entre el doblaje inglés y el japonés, cosa que volvemos a agradecer. El juego está totalmente traducido, por cierto.
En definitiva, todo aquél al que le guste el género, posea una 360 y le vayan los retos puede salir corriendo a hacerse con una copia de Ninja Gaiden II. Ofrece una jugabilidad a prueba de bomba, una buena factura técnica y bastantes horas de diversión. Sin embargo, la elevada dificultad hace que sea aconsejable para todo el mundo. En cualquier caso, desde aquí animamos a todos los jugadores a que al menos lo intenten con Ninja Gaiden II, un juego que se convierte automáticamente en un imprescindible dentro del gran catálogo de Xbox 360.
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