
|
El control de Ryu y de sus compañeras es sencillamente fabuloso. Con un botón de salto y dos de ataque se consigue una cantidad de combos envidiable para cada arma. Los ataques definitivos que se estrenaron con gran acierto en Ninja Gaiden 2 se mantienen, como es natural. En cuanto consigamos cortar una extremidad a un enemigo, bastará con darle un sablazo fuerte para aniquilarlo de la forma más grotesca y humillante posible, decapitaciones incluidas. Además, podemos lanzar estrellas ninja como apoyo, defendernos con el filo (algo poco menos que obligatorio), apuntar en primera persona con las armas a distancia y servirnos de técnicas de gran poder conocidas como ninpo que nos salvarán la parte baja de la espalda en más de una ocasión. Estas artes nos permiten invocar pájaros ígneos, lanzar bolas de fuego y expulsar a los enemigos, entre otras cosas.
¿Qué cambiaríamos nosotros de Ninja Gaiden II? Sin duda alguna, la cámara. Pues lamentamos informar a nuestros lectores de que una vez más tendremos que lidiar con ella, ya que, sin ser infernal, sigue mostrando los mismos síntomas de rebeldía en espacios cerrados o cuando la acción se dispara. Aprobado justito en septiembre para este enemigo del jugador. Esperábamos un poco de evolución, la verdad.
Volvamos a las armas que tanto nos gustan. Rachel lleva una maza gigante y una ametralladora. Momiji es experta en el uso de la naginata, una especie de lanza japonesa con una cuchilla tremenda acoplada a un extremo. Ayane se decanta por un par de dagas y los siempre útiles kunais explosivos. Ryu empieza con la famosa espada del dragón, pero a medida que avanza el juego se hace con un arco, unas garras, unas espadas gemelas, un bastón, tonfas, nunchakus, una cuchilla con cadena y la famosa guadaña, que repite como nuestra gran favorita. Las novedades en este Sigma 2 son una espada gigante y un rifle.
El arsenal, surtido y bien equilibrado, garantiza una variedad en el cuerpo a cuerpo que sólo se puede calificar de espectacular. Unas armas son más potentes y otras cubren un área mayor, pero todas son divertidas y útiles contra un tipo de enemigo concreto. Las esferas que dejan caer nuestras víctimas se pueden cambiar en las estatuas de Muramasa por mejoras (todas tienen tres niveles de potencia) y objetos para recuperar vida o poder mágico para los ninpos. Por suerte, la acción se detiene cuando queremos cambiar de herramienta o restaurar un poco de vida, cosa que también se hace en los puntos de guardado, bastante frecuentes. Sólo se puede hacer una vez en cada uno, pero resulta más que suficiente para poner de manifiesto la naturaleza más permisiva del segundo Ninja Gaiden con respecto al primero. También se rellena parte de la barra de salud cuando limpiamos una zona, así podemos respirar entre una emboscada y otra.
El elenco de enemigos ha aumentado bastante en esta revisión. Algunos son completamente nuevos, otros simplemente advierten de su capacidad ofensiva con un cambio de color. Reventar las cabecitas de ninjas del clan Araña Negra, demonios rosados y negros, pirañas voladoras, licántropos, engendros equipados con motosierra, arácnidos y dragones mecánicos es todo un placer, por mucho que se haya rebajado el nivel de violencia tras una decisión polémica. Sí hay sangre roja (bueno, la de los demonios es verde, eso lo sabe todo hijo de vecino), lo que no hay son duchas de sangre como en el Ninja Gaiden 2 original, sustituidas en Sigma 2 por halos morados de aspecto extraño. Para algunos será un inconveniente, pero nosotros creemos que no es para tanto. No es que estemos de acuerdo con el cambio, más que nada porque la sangre en Ninja Gaiden es ante todo un componente exagerado más, es sólo que no es para poner el grito en el cielo. Ahí queda.
PÁSALO >>
Compartir
|

|