Análisis
Ser Dios es agotador
Descubre en esta análisis Northland, juego en el que tendremos que manejar a una civilización vikinga en sus aventuras por el mundo.
Por Gorka Arce Alonso
| Publicado el día 11/09/2005 13:40
La compañia Ludis Games nos trae a España la secuela del juego Cultures 2, manteniendo su aspecto que cosechó buenos resultados. Además, trae como aliciente un bajo precio que seguro atraerá a muchos usuarios que buscan algún juego rentable después de que sus bolsillos se vaciaran durante las vacaciones de verano. Este juego mantiene la línea de Cultures 2, siguiendo también con su mismo aspecto pero añadiendo diferentes matices que pueden hacer de este juego un "must have"... o puede que simplemente lo convierta en otro más del montón. Todo esto lo analizaremos en esta crítica, tratando de dar la opinión más objetiva para compradores o curiosos sobre este juego.
Argumento
La historia de este juego sigue los pasos de sus hermanos mayores de Cultures y Cultures 2. En este caso tú, como vikingo valiente que eres, persigues el objetivo de liberar a los pueblos que sufren y tratar de acabar con el mal, es decir, las labores comunes de un héroe. Para ello, tus siempre fieles compañeros te ayudan pero esta vez, creéis que ya habeís cumplido y con creces y tomáis la decisión de tomaros un respiro para tratar de disfrutar del poco tiempo que tenías antes, cuando luchabas contra el mal. Por eso, decides que ya ha llegado el momento de colgar los cuernos (de vikingo claro) y relajarte con tu nueva esposa, compañera de aventuras, la bella princesa persa. Pero está claro que los héroes no han nacido para descansar y dejar que pase el tiempo y de nuevo, el pueblo vikingo te pide ayuda para tratar de expulsar a los enemigos de sus tierras. Estos peligrosos enemigos van desde enormes demonios hasta enemigos de países lejanos que han visto en tu tierra natal el perfecto sitio para conquistar, tu misión será ayudar a tus compatriotas luchando contra sus enemigos.
Estas misiones puede que te toquen en el congelado norte de la tierras nórdicas o los grandes lagos, en cualquiera de ellas el objetivo será claro, terminar con cualquier amenaza para el pueblo. En todas las misiones comenzarás con un reducido número de aldeanos (hombres y mujeres), un explorador y un héroe que en este caso eres tú, bueno, tu personaje, aunque lo controlarás igual que a cualquier otro. A medida que avances en el juego, deberás crear un ejército, explorar las tierras que vas a defender, aumentar la población y satisfacer las necesidades de tu gente.
Lo curioso de esta edición es que cada aldeano es único, uno es más glotón, ligón, trabajador... Todos y cada uno de ellos son especiales y tu deber será que estén felices con su vida; para ellos les tendrás que construir casas, darles el trabajo que piden, casarles, tener comida... y más cosas que pueden hacer de este juego un completo desastre si no se está totalmente pendiente de lo que tenemos que hacer. Este puede ser uno de los mayores problemas del juego, no gozamos de libertad, siempre estaremos pendientes de que Galf (ejemplo de nombre) puede ser molinero, entonces a buscar a un granjero pero claro, el granjero no tiene comida entonces a buscar comida... también hay que casarles para tener hijos, buscar mujer, construir una casa, buscar toda la materia prima, esperar a que crezca el retoño, darle trabajo y seguir con el círculo. Sin duda, este nuevo y curioso aspecto a pesar de que ha sido una atrevida apuesta, resta de emoción al juego. Desde el primer momento, estaremos más preocupados de los aldeanos que del juego en sí, y llegará un momento en el que estemos completamente desquiciados y casi sin ganas de volver a jugar a Northland por el absurdo esfuerzo que hacemos con nuestros aldeanos y no con lo verdaderamente emocionante, que en este caso es luchar con tu ejército, buscar nuevos territorios, espantar demonios...
El camino será largo para poder llegar al nivel de esta gran ciudad.
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Las aventuras continuarán pero esta vez en tierra firme.
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Seguro que dentro de esa cueva hay un demonio esperándote.
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