Análisis
Watashitachi o miite Megami Amaterasu
La diosa Amaterasu se hace aún más bonita con la alta definición
Por Benjamín Rosa Fernández
| Publicado el día 30/10/2012 09:47
Hay combates, sí. Ante todo abundan las luchas contra enemigos normales, pero un apunte es que no todos se basan en atacar indiscriminadamente. Incluso algunos de los normales requieren de pensar un poco para poder atacar fácilmente a sus puntos débiles. Un ejemplo de ello son las grullas con sombrilla con la que se protegen, pues para dejarles indefensos hay que invocar con el poder del pincel una fuerte corriente de aire y después atacar mientras tratan de soportar los vientos. Y así con casi todos los enemigos que nos encontramos. Al principio son sencillos pero poco a poco ya sí que requieren pensar y eso hace que los combates no sean tan repetitivos. Y no nos olvidamos que si luchamos rápido y sin sufrir daños, se nos recompensa con una bonificación monetaria con la que comprar objetos, algunos de ellos esenciales para conseguir el auténtico 100% del juego.
Pero una cosa que sorprende del desarrollo es que en casi ningún momento se nota forzado. Todo es intuitivo, desde los pequeños secretos hasta las mazmorras. No hay apenas cambios bruscos y si los hay es para llevar el desarrollo a mejor. Puede haber una zona en la que el jugador se quede atascado, pero eso se soluciona fácilmente con un poco de investigación y las pistas que dan los personajes. Si eso rompe un poco con la tónica habitual algunos minijuegos de excavación y no sentarán bien a todo el mundo, pero su inclusión es tan escasa y solo es obligatoria en un par de ocasiones, con lo que se olvida fácilmente.
Cuando llegó la alta definición, mucho esperábamos ver juegos de gran belleza y originalidad, pero se ha puesto de moda el estereotipo de marine espacial marrón contra monstruos amorfos. Okami en su día apostó fuertemente por la belleza artística, y no hay más que ver cómo reimaginan el folclore japonés y sienta realmente como un juego de dicho país y no los que abusan del estilo manga con ojos gigantes y peinados de colores estrambóticos para atraer al público adolescente.
Es curioso que tenga que venir un juego de hace seis años para mostrar bellos paisajes y monstruos de gran belleza, porque el paso a la alta definición le ha sentado visualmente de maravilla. Da igual que la carga poligonal sea de la generación anterior, su estilo no envejece y todos los pequeños detalles como las flores o las nubes que Clover hizo en su día hacen que su apartado visual siga técnicamente impecable.
Pero no toda la belleza artística recae en lo visual, y es que el apartado musical acompaña a la perfección. Música con estilo tradicional japonés que consigue meter de lleno en la ambientación. El país de Nippon está plasmado de forma sublime y es difícil imaginárselo de forma diferente. Quizás ayuda un poco que no tenga voces salvo el "Okami" que se grita en el menú del principio, y es que los sonidos ininteligibles que dicen los habitantes es más que suficiente y hace que combinado con los textos en inglés, parezca que hablan en nuestra cabeza.
Okami a pesar de sus años es toda una experiencia diferente a lo visto hasta ahora, como Journey, y esta edición en alta definición no hace más que demostrarlo. Quizás es el juego al que mejor le sientan los años y no es para menos. Es todo un ejemplo de cómo hacer juegos personales y con encanto pero no por ello quedar reservado a un nicho de mercado. Podemos deshacernos más en halagos pero no llegaríamos realmente a plasmar lo que representa aún a día de hoy tras más de seis años. Simplemente es impecable y es uno de esos títulos que debe ser jugado por todo el mundo que tenga un mínimo de interés, y es que por el precio que tiene, pese a estar algo más barato en PlayStation 2 y Wii, lo merece, porque sienta como un juego totalmente nuevo y se le perdona hasta que no haya llegado traducido.