
|
Adorando a Ami
Amaterasu, como toda diosa, tiene derecho a ser adorada, y qué mejor manera de conseguirlo que haciendo bien a hombres, animales y plantas. Y es que cada vez que hagamos florecer un árbol, consigamos algo que nos pidan o incluso alimentemos algún animal, lograremos que éste rece por nosotros; lo que se traduce en puntos de experiencia.
Estos puntos de experiencia podremos gastarlos en número de vidas, número de tarritos de tinta (ya que cada técnica del pincel gasta uno o más, aunque se vuelve a rellenar lentamente), vida extra o capacidad del monedero. Porque sí, no todo es espiritual, también hay que saber cuando aferrarse a lo material aunque seas un dios, ya que será indispensable disponer de una buena cantidad de dinero ya sea para aprender nuevas técnicas, para comprar armas o para poder tener siempre una reserva de huesos sagrados (el aperitivo favorito de Ami, que además le devuelve trocitos de vida) y papiros que potencian habilidades temporalmente o causan daños.
Además del dinero necesitaremos colmillos de demonio para conseguir reliquias que usaremos para poder nadar por la lava o para que los enemigos nos dejen en paz. Para conseguir dichos colmillos tendremos que acabar con los enemigos usando una técnica concreta diferente para cada tipo a modo de fatalities.
Todo estas cualidades hacen de Okami un buen juego, pero lo que realmente lo convierte en un gran juego que para algunos alcanza el rango de obra maestra es su despliegue visual, una visión muy particular de cel-shading, que no es más que una evolución de lo ya visto en Viewtiful Joe, pero elevado a la máxima potencia y totalmente “japonizado”. Todos y cada uno de los detalles que se muestran en la pantalla se pueden calificar de “arte en movimiento”; la gran iluminación o lo excesivamente simple del modelado de cada personaje, que muestra que de otra forma no hubiera sido posible. Y más cuando todo esto continúa con las animaciones en las que destaca claramente nuestro grácil lobo (o loba), que se mueve con una fluidez sorprendente y las pequeñas trampas visuales como un excesivo popping en favor de no perder ese ritmo. Y ya no sólo en movimiento, sino que cada captura, cada imagen estática puede ser un perfecto fondo de pantalla o incluso un cuadro de una galería de arte. Es evidente que en ese aspecto por Okami nunca pasará el tiempo, teniendo en cuenta además los añadidos de formato panorámico y progresivo de 480p.
Sin embargo, con el apartado sonoro no todo son alegrías, ya que por una parte tenemos una excelente banda sonora de más de cinco horas de música que sería un apartado de 99 si no fuera por la ausencia de doblaje, y no sólo por eso, sino por el hecho de sustituirlo por un incómodo balbuceo estilo Animal Crossing, y no es que haya precisamente pocos diálogos.
Si por un momento olvidamos que Okami no deja de ser un port de Playstation 2, podemos tenerlo en su concepción como un título perfecto, pero es indudable que como todos tiene fallos que arrastra desde ese mismo origen. Quizá un argumento demasiado típico (a pesar de su genial ambientación), irritantes balbuceos o porque algunos combates sean demasiado sencillos y, por supuesto, que seguimos teniéndolo sin español; pero lo que es indudable es que es de los títulos que todo el mundo debería probar, porque sus pros son demasiado grandes y eclipsan casi cualquier cosa que se le recrimine. Esta versión de Wii es una segunda oportunidad para todos aquellos que no han probado el título original de Clover; para los que ya lo hayan catado en PS2, no tiene ningún sentido volverlo a recorrer.
|

|