Análisis
Comiendo cocos
Ha vuelto. Es amarillo, tiene hambre y odia a los fantasmas. Ahora en edición de campeonato.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 08/01/2009 06:51
Toru Iwatani pasará a la historia por ser el creador de Pac-Man. Su inmortal creación está considerada uno de los baluartes en los que ha crecido y se ha sostenido este mundillo del videojuego. Namco encontró un filón económico con el que financiar la incipiente industria que se había creado, pero además encontró un símbolo por el que siempre se la recordaría: una mascota bocazas de color amarillo.
Nuestro tragón protagonista ha sufrido la típica explotación de su figura en multitud de juegos secundarios, material publicitario y homenajes constantes (desde su rebuscada aparición en la película Tron de Disney hasta chistes y gags en series como Futurama o Padre de Familia). Enumerar todas sus apariciones es una labor titánica y difícilmente realizable, pero siempre que ha aparecido en algún medio, el receptor ha sabido ubicarlo como el icono distintivo de una época y un paradigma en el mercado del videojuego. Por algo será.
Tras muchas secuelas oficiales (de las cuales hay dos en Xbox Live Arcade, el primer Pac-Man y Ms. Pac-Man), otras más discutibles (como Pac-Man Plus y Jr. Pac-Many, títulos creados por Bally Midway sin la autorización de Namco) o las típicas entregas que se salen de la mecánica clásica (como los recientes casos de Pac-Man World 3 y Pac-Man World Rally), tenemos en esta edición descargable la última versión que recupera la jugabilidad clásica aderezada con la alta definición que tan de moda está últimamente. Ni por esas consiguen los fantasmas del juego darnos miedo.
Lo nuevo y lo viejo van de la mano
A la adecuación gráfica a los tiempos que corren se suman pequeñas novedades que acompañan al estilo clásico para ajustar una jugabilidad imperecedera. El objetivo es llanamente conseguir que nuestro marcador de puntos registre las cotas más elevadas posibles, y para este menester debemos surcar los laberintos para comer los puntos repartidos en los pasadizos, alcanzar los power ups temporales que nos permiten acabar con los fantasmas y recoger las bonificaciones en forma de fruta (y en esta entrega, bonus con formas de las naves del Galaxian y el Galaga) que aparecen cerca de la guarida de los coloridos espectros que nos atormentan. Cada 20 000 puntos obtendremos una vida extra para que nuestro objetivo se torne más fácil, ya que, cuanto mayor sea el número de puntos comidos, la velocidad del juego se acelera hasta que perdamos una vida, en cuyo caso se volverá al ritmo inicial.
El control tan sólo responde a las cuatro direcciones de nuestro controlador, dejando los botones para aceptar o cancelar las opciones de los menús. Si al doblar una esquina dejamos pulsado el botón en esa precisa dirección que vamos a tomar, nuestro protagonista despedirá chispas en el giro e incrementará su velocidad brevemente, permitiendo aumentar la distancia respecto a sus perseguidores.
Pac-Man no es el único protagonista, a su lado están los cuatro secundarios que han permanecido perennes en cada entrega. Blinky (rojo), Inky (azul), Clyde (naranja) y Pinky (rosa) vuelven a la carga con las mismas rutinas que los hicieron famosos, de esta manera el fantasma rojo seguirá aumentando su velocidad a medida que comamos los puntos del escenario o el rosa seguirá anticipándose a nuestro recorrido para cazarnos. La casa de la que aparecen sigue estando en mitad de la pantalla y sigue siendo su punto de partida cuando son engullidos por Pac-Man cuando está potenciado por las píldoras de poder.