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Pain
La catapulta infernal
Pain es el juego más descargado de la PS Store en 2008, y por algo será. La fórmula de machacar el cuerpo de un personaje y causar toda la destrucción posible ha despertado una atracción fatal entre un buen número de usuarios de PlayStation 3. No nos engañemos, uno de los defectos de Pain en su momento fue la falta de completitud, ya que apenas traía un escenario y unos pocos sufridores con los que ensañarnos. Poco a poco aparecieron complementos descargables para hacerlo más desafiante y duradero, exactamente lo que ofrece la versión en Blu-ray que trataremos a continuación. Al igual que en el caso de Ratchet & Clank: En busca del tesoro,no nos parece una estrategia comercial descabellada, sobre todo para los que hacemos malabares para aprovechar al máximo los gigas del disco duro de la consola.
Suponemos que la mecánica de Pain ya es del dominio popular, pero nunca está de más hacer un repaso. Lo básico es que tenemos un personaje, una catapulta y un escenario bastante grande repleto de objetos con los que hacernos pupa, que como se desprende del título es el objetivo del juego. Con el stick izquierdo orientamos la catapulta y le damos inclinación, mientras que con el derecho movemos a nuestra víctima hacia delante y hacia atrás para ajustar la tensión de la cinta y, por consiguiente, la distancia del lanzamiento. Por suerte, tenemos una retícula que marca el lugar del impacto.
No obstante, el sistema no se limita a apuntar, lanzar y llevarnos un buen golpe. De ser así, ¿qué clase de juego sería Pain? La gracia está en que con los botones podemos agarrarnos con las manos a prácticamente cualquier elemento del escenario para quedar unidos a él o usarlo para otros fines. Un ejemplo: disparamos a Jarvis (o a quien sea) hacia una caja explosiva, la cogemos justo cuando estamos al lado y aprovechamos el impulso para enviársela a una viejecita que pasaba por ahí. En el mundo de Pain no hay reglas, amigos, y mucho menos sitio para los santurrones.
En la parte superior derecha de la pantalla hay un medidor de puntos que se dispara si sabemos hacer las cosas bien. Causar estragos en el barrio es importante, pero hacerlo con clase también cuenta. Al combinar uno de los botones superiores con los frontales adquirimos posturas en pleno vuelo para tirarnos de cabeza, al estilo “bomba” o, directamente, abiertos de piernas. Salir disparados de esta última forma contra una barra de acero es una visión que pondrá ya sabemos qué por corbata al público masculino.
Para encadenar mamporros tenemos una barra con la palabra Ouch! que se activa con el primer impacto agitando el Sixaxis (o Dual Shock 3, se entiende). Gracias a ella podemos dar un pequeño empujón por cada letra al personaje (cuando las letras están en llamas es más intenso) y conducirle hacia otros sitios con riesgo para así recargarla con cada nuevo golpe. Saber utilizarlo con mucha precisión es la clave para conseguir multiplicadores y miles de puntos. Pain no se domina en unos pocos lanzamientos, para sacarle partido hay que invertir un tiempo razonable en él.
Una de las cosas buenas de Pain es que el escenario conserva todas las modificaciones que hayan causado nuestros actos. En otras palabras, si tiramos al suelo un cartel o la bola de bolos publicitaria contra la que hemos estrellado la rabadilla, ahí se quedarán para el próximo lanzamiento. De todas formas, la posibilidad de reiniciar el escenario está a sólo un botón de distancia, lo mismo que el retorno instantáneo a la catapulta, cosa que nos viene muy bien si nada más lanzar nos damos cuenta de que no vamos justo hacia donde nos gustaría.
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