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En pantalla, vemos una imagen lateral de nuestro ciclista, levantado del sillín, retorciéndose sobre la bicicleta; además, las estresantes informaciones del cronómetro y del punto exacto de la montaña en que nos encontramos en cada momento (ver el perfil de la subida da vértigo) aportarán una importante dosis de realismo. El aspecto negativo de esta prueba es que nos tenemos que conformar con el ruido del joystick o las teclas - se echa en falta el ruido del público para darnos ánimos -, pues no escucharemos ningún sonido electrónico.
Descenso del puerto: Máxima concentración
Tras la subida "machacateclas", recuperamos toda nuestra técnica y precisión para realizar una buena bajada en la que sólo giramos a derecha o izquierda, pues la pendiente nos impulsa por sí sola a coger la máxima velocidad. De nuevo, salimos con retraso respecto a otros corredores, por lo que tenemos que bajar a tumba a abierta para recortar diferencias y marcar un buen tiempo. Los peligros que afrontamos son: las cerradas curvas - más complicadas debido al sensible control durante la bajada, ya que cualquier giro supondrá, como en la realidad, un brusco cambio en nuestra orientación -, los abanicos de los corredores y los túneles, en los que se produce un salto de imagen al cambiar el decorado.
La perspectiva isométrica simula la carrera desde el helicóptero y nos permite sentir mejor la velocidad. Como en el primer sector, un desagradable sonido nos informará cada vez que cometamos un error; la mayoría de veces será por no esquivar los abanicos del pelotón, pero habrá que guardar especial atención a no salirnos del asfalto, lo que supone la mayor pérdida de tiempo en esta prueba. La dificultad es baja, pero, como en las vueltas ciclistas, en los descensos se marcan pocas diferencias de tiempos con respecto a otros corredores, así que resulta la prueba menos decisiva para la clasificación general.
Llegada a meta en llano: Duro sprint final
Lanzados de la bajada del puerto, nos preparamos para el sprint final. En esta última parte, que vuelve a tener un perfil llano, se vive el estrés propio de la llegada a meta por las calles de la ciudad. Debemos recuperar posiciones mientras machacamos la tecla de disparo para ganar velocidad y dirigimos a Perico para escapar del pelotón, a la vez que evitamos numerosas trampas: motoristas a toda velocidad que intentan filmarnos a riesgo de atropellarnos, traicioneros bordillos que rompen la linealidad de la calzada y, sobre todo, un largo pelotón que nos cierra el paso sin contemplaciones.
La apuesta por una imagen cenital, pero mucho más cercana a los corredores que en el primer sector llano, y los numerosos detalles propios del buen ciclismo - aficionados, pintadas en la calzada o los motoristas con cámara antes comentados, entre otros - otorga al juego un aspecto de extremado realismo. Sin embargo, el pobre uso del sonido, que vuelve a limitarse a avisarnos de algún error nuestro, estropea la sensación de estar inmerso en el pelotón. La dificultad en la llegada a la meta es muy alta, debido a que existen pocas zonas anchas, y adelantar posiciones cuando la carretera se estrecha resulta una proeza.
Conclusiones
Topo Soft nos permite disfrutar del primer simulador de ciclismo de la historia. Resulta complicado evaluar su valiente propuesta, ya no sólo por la ausencia de títulos similares, sino porque el juego choca en la mayoría de ocasiones con las limitaciones propias del género al que pertenece: ¿cómo recrear de manera fiel la práctica ciclista, sin caer en el tedio de repetir una y otra vez la misma secuencia de teclas? Además, los cuatro minijuegos que componen el juego y dividen a la etapa presentan grandes diferencias, tanto en gráficos como en jugabilidad. Por las razones expuestas, la nota global debe ser tomada como una valoración media de todos estas pruebas; si las valorásemos una por una, la salida en llano concluiría con un suspenso, mientras la apasionante y adictiva cronoescalada poseería una nota cercana al sobresaliente.
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