Polarium basa gran parte de su jugabilidad en la sencillez de su concepto. Sobre una cuadrícula de diferentes dimensiones -en el modo Rompecabezas se dan combinaciones de todo tipo como tres por siete, cinco por ocho, ocho por ocho... Generalmente más grande cuan más difícil es el puzzle- se halla un número indeterminado de casillas de color blanco o negro -los únicos colores presentes en todo el juego, dicho sea de paso-. El objetivo del jugador es limpiar filas de esa cuadrícula, para hacerlo debe conseguir que todas las casillas de una misma fila, vistas en sentido horizontal, queden del mismo color. El color elegido puede ser tanto blanco como negro, sin importar el hecho de completar más filas de uno que del otro o, al conseguir varias de una tacada, que éstas no sean del mismo color.
¿Cómo conseguir que todas las casillas de esas filas sean del mismo color? Pues con un método bastante simple: Realizar con el stylus un único trazo sobre aquellas que queramos cambiar de un color a otro, teniendo en cuenta que no se puede pasar sobre una misma casilla dos veces ni enlazar casillas que no sean adyacentes por cualquiera de sus cuatro lados.
Para facilitar un tanto las cosas, y ya de paso aumentar las posibilidades y exigencias de los puzzles, nos está permitido salirnos fuera de la cuadrícula, trazando también sobre el margen de una casilla de "espesor" que la rodea por los cuatro costados.
Partiendo de esa premisa la oferta del juego consta de diferentes modos que, como ya se ha comentado, se acercarán a la mecánica de títulos como Tetris o Chu chu Rocket, son los siguientes:
Desafío: Nos encontramos con una gigantesca cuadrícula que comienza en la pantalla superior y continua en la táctil con otra de diez por diez, en la que operamos, y sobre la que van cayendo paulatinamente, y a una velocidad vertiginosa casi desde el comienzo, diferentes bloques de filas con casillas en ambos colores. Cada uno de los bloques de fichas tiene una forma concreta de resolverse, comenzando desde lo más básico y aumentando en dificultad conforme se van superando uno a uno los diez niveles de que consta el juego. Nuestro objetivo es completar líneas de la forma más rápida posible para hacer hueco a los siguientes bloques de tal forma que se impida que la cuadrícula superior se desborde con los siguientes bloques; por otra parte, cuando hayamos completado un total de cien filas, aparecerá un fila roja que limpiará la pantalla de abajo arriba dándonos un cierto desahogo.
La velocidad de caída de las fichas dota al juego de un frenetismo difícil de igualar, que será el más adecuado para aquellos jugadores para los que el Tetris ya sea un juego de niños. En este modo el juego se muestra bastante correoso siendo bastante complicado superar siquiera los dos o tres primeros niveles.
Para mejorar nuestra técnica podemos hacer uso del submodo entrenamiento que permite practicar con los bloques de filas que serán utilizados en cada uno de los niveles del juego de forma independiente y algo más relajada. La clave para superar este modo desafío será, por tanto, realizar un duro entrenamiento que nos permita anticiparnos a los bloques que vienen en camino, eliminar varios de ellos de una sola trazada y conseguir el tiempo necesario para que no se produzca la temida acumulación de filas.
Rompecabezas: El segundo de los modos de juego -quizás el primero en importancia- difiere enormemente del anterior, puesto que el jugador dispone de todo el tiempo que crea conveniente, así como de los intentos que necesite, para encontrar la solución al puzzle que se le plantea. Esta solución pasa por ser la trazada que elimine, de un único movimiento, todas y cada una de las filas que conforman la cuadrícula que, en este caso, puede variar de tamaño de un puzzle a otro.
Existe un total de cien puzzles divididos a su vez en tandas de diez, lo que permite cierta libertad a la hora de pasar a otro si nos encontramos atascados tras varios intentos. Los puzzles comienzan siendo sencillos y no precisan trazar sobre casillas de ambos colores para ser solucionados, llegando incluso a darse el caso de algunas curiosas fases que recuerdan al mini juego de la rana de Tant-R, el clásico japonés de Sega protagonizado por unos atípicos Sherlock y Watson. Afortunada o desafortunadamente, esta alegría dura más bien poco, pues al cabo de una o dos tandas comienza la verdadera dificultad con puzzles realmente complejos que precisarán de numerosos intentos para su resolución.
En este caso contaremos con una ayuda adicional, pues el juego ofrece la posibilidad de elegir entre ver el último trazado fallido, para observar que parte de la misma debemos corregir, o conocer el punto inicial y final del trazado, teniendo que encontrar la forma de enlazar un punto con el otro.