El modo Rompecabezas también incluye un completo editor en el que podemos diseñar nuestros propios puzzles, eligiendo no sólo la disposición de las casillas y sus colores sino también el tamaño de la cuadrícula y la forma óptima de resolución. En total podemos almacenar cien puzzles entre nuestros propios diseños y los que obtendremos de otros jugadores en el modo "Comunicación", aunque también es posible copiar puzzles directamente a nuestra consola sin ningún tipo de interconexión ya que para ello se ha diseñado un sistema de códigos que el juego asimila como mapa de coordenadas del puzzle a crear.
Duelo: Este modo para dos jugadores se basa en la mecánica de juego del Desafío teniendo que completar cada uno de los jugadores las filas de la manera más rápida posible para enviárselas al contrario y saturar su cuadrícula, algo similar a lo que ocurre en el modo multijugador de los Puyo-Puyo. Las posibilidades de este modo permiten seleccionar el tiempo y las fases que serán jugadas pudiendo elegir entre diferentes opciones para partidas más o menos largas.
Extras: El último de los "modos" de juego incluye el tutorial -denominado entrenamiento-, la sección de ajustes y el apartado de comunicación anteriormente citado. En este último tendremos la posibilidad de enviar, o recibir, nuestras propias creaciones a otro jugador.
Los juegos de puzzles nunca han brillado demasiado por sus apartados técnicos, que generalmente suelen pasar desapercibidos. En este punto Polarium se lleva la palma, ya que su apartado gráfico y sonoro se reduce a la mínima expresión. Cierto es que no se necesita más pero nunca está de sobra algo que alegre un poco más la vista o los oídos. Quizás lo más grave esté en este último apartado que se muestra excesivamente parco y carente de emoción alguna, algo que acompañase más las resoluciones de los rompecabezas más complicados o imprimiese una atmósfera más frenética si cabe al modo Desafío.
Haciendo un balance global de lo que nos ofrece Polarium podemos llegar a la conclusión de que estamos ante uno de los juegos de puzzles más sencillos e ingeniosos que ha alumbrado la industria en los últimos tiempos; sin embargo son muchos los defectos que le impiden alcanzar un mayor grado de diversión. Por un lado se nos hace algo indigesto el hecho de que tan sólo haya dos modos de juego en individuales, más aún si tenemos en cuenta que el segundo de ellos consta tan sólo de cien puzzles y puede dar lugar a numerosos atascos que lleven al abandono a más de un jugador. Por otro, tenemos que el modo Desafío puede volverse monótono tras unas cuantas partidas por su marcado carácter arcade.
En este punto hay que tomar en consideración que las vías de "expansión" del juego de Mitchell pasan por el modo multijugador y la posibilidad del jugador de acceder por sus propios medios a nuevos puzzles vía conexión wifi o mediante la obtención de códigos en páginas webs de fans del juego o similares, algo que se podría haber arreglado con una opción online de descarga.
En definitiva estamos ante un juego que satisfará a los expertos del género por su complejidad pero que puede defraudar a aquellos jugadores noveles cuyo progreso se encuentre bloqueado a las primeras de cambio por la pétrea dificultad. No obstante, no deja de ser una buena primera toma de contacto con una idea a la que se le puede sacar mucho más jugo en posteriores entregas.