Análisis
Mercaderes del Caribe
Kalypso Media nos trae la tercera entrega de Port Royale con la que surcaremos los mares del Caribe en busca de riquezas.
Por Rodrigo Aliende
| Publicado el día 19/09/2012 10:28
Cada vez que queramos entrar en una ciudad tenemos que esperar una pantalla de carga que a la larga se hace pesada. Por eso tenemos una serie de accesos directos para evitar tener que aguantar el tiempo de espera. Dentro de cada una de las ciudades encontramos diferentes edificios. En el muelle es donde efectuamos todas las transacciones económicas y vemos varios datos, como el valor del recurso, la cantidad o el precio al que lo adquirimos en su momento. En el astillero compramos nuevas embarcaciones o reparamos las nuestras propias. El arquitecto nos ayuda a construir todo tipo de edificios, como residencias, destilerías o fábricas, siempre y cuando antes hayamos adquirido la licencia. En la iglesia expiamos nuestros pecados con donaciones u organizando celebraciones de forma altruista. Por último, el palacio del Virrey es el lugar perfecto para conseguir misiones, las cuales son siempre del tipo "consigue tal cantidad de X recurso antes de Y día". Para continuar la evolución como mercaderes, tener almacenes en varias ciudades es imprescindible. Así, no necesitamos comprar la materia prima que vendamos, sino que fabricamos la nuestra propia y hace que el margen de beneficios sea mayor.
Los que prefieran estar al otro lado de la ley también tienen esa opción. La vida pirata se basa en abordar barcos mercantes y ciudades para robar todas las riquezas que haya. Este tipo de juego requiere unos barcos poderosos y unas flotas grandes. Conforme ganemos fama, el precio por nuestra cabeza también será mayor y las naciones nos perseguirán y colocarán protección a sus buques.
La interfaz de Port Royale 3 no es intrusiva, más bien todo lo contrario. El equilibrio en este tipo de juegos al llevarlos a consola es algo difícil y, en esta ocasión, el resultado no es satisfactorio al cien por cien. Lo básico se encuentra en pantalla, lo único que muchos datos se encuentran en pequeños sitios muy condensados y con demasiados iconos, que si no los dominas, te pierdes fácilmente.
En cuanto al apartado gráfico, la factura es limitada y eso se nota. Las texturas y los modelados de edificios y barcos son más que correctos y se ven relativamente bien desde cerca. Lo único es que la variedad brilla por su ausencia y las ciudades son básicamente las mismas con los elementos cambiados de lugar. Port Royale 3 se encuentra doblado en inglés con subtítulos en español y algún que otro fallo leve en la tradución. La banda sonora no se sale de los típicos ritmos caribeños y piratas, cumpliendo su función de ambientar sin mayor ambición.
Port Royale 3 posee unas bases buenas, con mecánicas bien pensadas y suficientemente trabajadas. Lo malo viene al construir sobre estos pilares, cuyo resultado es un juego poco motivador y a la larga aburrido. Aquellos que busquen convertirse en un mercader o un pirata en el mar Caribe en Port Royale 3 tienen una opción válida, pero que se queda muy corto con respecto a lo que podría haber ofrecido.