Análisis
Todo principio tiene un final
Tras siete años de idas y venidas con más desgracias que otra cosa, el Príncipe se dispone a afrontar su destino y rucuperar Babilonia. El resultado es su mejor aventura en consola de 128 bits.
Por Rebel
| Publicado el día 16/12/2005 14:38
Ay madre mía, ¿y qué mencionar del sonido? Escuchando el audio de este juego uno no hace sino seguir preguntándose cada vez con más insistencia (si se me permite la expresión) en qué carajos estaban pensando las mentes de Ubisoft cuando acoplaron semejante cantidad de bugs, guitarras eléctricas y demás fauna salvaje en El Alma del Guerrero, título que para más inri estaba tocado de muerte con unas voces de doblaje sin espíritu y sin ritmo. Suelen decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y a fe que es verídico, pero no siempre. Las Dos Coronas es la excepción en la regla. Una banda sonora de puro lujo nos acompañará en nuestro periplo, con un cariz épico y solemne que poco o nada tiene que envidiar a bastantes composiciones cinematográficas de los últimos tiempos. Los momentos más frenéticos se unen a melodías rápidas y radiantes en la más pura reminiscencia de Las Arenas del Tiempo, y todo está introducido cuando es necesario y no en una apariencia aleatoria o a desfases, dejando paso a ese silencio atmosférico tan carismático y sutil siempre que sea requerido.
El doblaje es brillante y al fin se ve interés por parte de los actores en otorgar personalidad y diferenciación a sus caracteres, o al menos en mucha mayor medida que en el indiferente registro de El Alma del Guerrero. Dando la guinda, los FX cumplen sin mayores trabas.
Lo más flojete sin duda en lo referente a la puesta en escena es el componente de extras o incentivos para rejugar, que no pasan de las típicas tres dificultades y unos cuantos desbloqueables en forma de ilustraciones (incluyéndose a todos los miembros de la trilogía), galería de vídeos (CGs cristalinos), etc. Si se ha pasado la prueba de fuego de batir El Alma del Guerrero en modalidad superior, Las Dos Coronas no debería suponer un escollo severo para nadie; pese a que hemos apuntado que los contrarios son más dañinos, éstos surgen en menor número y con un dominio fiable de las muertes rápidas es factible recorrer toda Babilonia de cabo a rabo en pocos días, anclándose el reloj en condiciones normales cerca de las 8-10 horas. Para un usuario novato la cantinela varía su letra, por lo que es aconsejable empezar más pausadamente e ir ganando enteros a medida que se avanza. Las galerías son una pieza recordatoria agradecida, pero desbloquearlas al ciento por ciento es cuestión (salvo hecatombe) de una única partida, suponiendo eso sí que se recolecten los suficientes créditos de arena (una mecánica abstracta para este fin).
Por pedir, hubiéramos pedido algún modo extra preparado a raíz de las carreras de cuádrigas, viendo que no terminan de ser explotadas de verdad pese a disponer de considerable poder de entretenimiento. En su lugar vuelven a reaparecer armas u objetos rimbombantes con los que se puede desmembranar enemigos en procederes poco recomendables, llámese una motosierra (¿alguien jugó más de la cuenta a Resident Evil 4?), teléfonos, etc. Cachondo seguro, pero no menos anecdótico. Aun así, habrá más de uno al que le hará soltar una gorda carcajada, y bien justificada.
La última palabra
No caben dudas de que Prince of Persia: Las Dos Coronas es el mejor representante de las aventuras del Príncipe dentro del triplete de productos que Ubisoft ha comercializado en máquinas de 128 bits. La propuesta viva y seductora de Las Arenas del Tiempo regresa en esta resolución con más fuerza que nunca, aunando además una de las grandes virtudes de El Alma del Guerrero, como era su estilo de lucha. El equilibrio jugable presentado está calculado al milímetro, dando trascendencia a las plataformas (un acierto) y cambiando el ritmo a segmentos de acción o de velocidad pura en las dotes adecuadas, firmando un desarrollo global muy ameno e irresistible.
Sobre la mesa no hay nada diametralmente nuevo y fans de los anteriores no tardarán mucho en coger el timón del barco, pero las interesantes añadiduras encontradas más el mimo clarividente con el que se ha tratado artística y técnicamente al juego justifican de sobras el proyecto.
Tanto si eres acérrimo de las precuelas (especialmente de Las Arenas del Tiempo) como si tu pan de cada día son las plataformas inteligentes por ambientes exóticos y fantasiosos con toques de acción fulgurante, no deberías dejar escapar a Las Dos Coronas. Estamos convencidos de que a este increíble gimnasta le quedan multitud de problemas que resolver y batallas que librar, pero por ahora lo dejaremos descansar en paz después de tanto traqueteo y siete años de agotamiento inhumano. ¡Larga vida al Príncipe!... ¿o deberíamos decir al rey?
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NUESTRA VALORACIÓN
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Gráficos
El motor carbura a más revoluciones que nunca, plasmando Babilonia con un diseño artístico y una estética divina. La iluminación es espectacular.
91
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Sonido
Ubisoft al fin entiende cómo debe tratarse a PoP. Una BSO digna de elogio y un doblaje inmaculado crean una experiencia absorbente como pocas.
88
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Jugabilidad
Rápido y tenaz, Las Dos Coronas pone en juego las señas de identidad que han hecho famosa a la franquicia, y lo mezcla con novedades acertadas.
90
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Diversión
Pese a ser el tercer título en tres años, la propuesta sigue cautivando gracias a un dinamismo magistral y a un buen lote de recursos existentes.
87
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Alternativas
Las Arenas del Tiempo está más acercado a su liga. En un esquema más de acción bruta, God of War de PlayStation 2 o los Devil May Cry.
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La jugabilidad, el diseño de niveles, la ambientación o los choques finales.
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El componente rejugable falla. Puede ser demasiado sencillo para gente experta en el anterior.
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Nota final
Ubisoft ensambla una conclusión redonda a la trilogía. Prince of Persia se despide de la generación por la puerta grande con carisma y eficiencia.
89
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¿Cómo se puntúa en VJ?
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