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Prince of Persia
Las mil y una noches
Si existe una saga que ha sabido dar una marcada vuelta de tuerca a su desarrollo creativo, ésa es Prince of Persia. Existen otros referentes, quizás pertenecientes a otros géneros como el FPS para los que, con el tiempo, la idea original preconcebida y plasmada de forma primeriza ha dado un giro llevándola a nuevas cotas. Es el caso del juego que nos ocupa. La idea original, tal y como fue concebida allá en el año 1989 por Jordan Mechner, en la que el príncipe de turno se las veía y deseaba para recorrer laboriosos niveles y rescatar a la princesa, está presente. De la misma forma en que también lo están la evolución evidente de la saga Las arenas del tiempo, en la que sabido brillar con luz propia durante estos cuatro últimos años. Todos esos elementos, la mayoría enfocados hacia las plataformas, siguen ahí, de una forma muy marcada incluso.
Así pues, el regreso del príncipe de Persia a consolas y compatibles vuelve con fuerza. ¿Existen suficientes novedades jugables respecto a la saga "Las Arenas del Tiempo"? Vamos a comprobarlo.
La larga batalla entre el bien y el mal
Si hay algo que llama la atención nada más instalar el juego y llegar a la pantalla de inicio son las notables influencias de los conocidos cuentos de Las mil y una noches. Sí, Prince of Persia bebe del ambiente mágico de las leyendas y jarchas árabes, y es que la similitud del juego a una de éstas es tan evidente que sabrá dibujar una sonrisita en nuestros labios, especialmente si somos conocedores de tan famosa historia. Olvidaos del ambiente de los anteriores PoP (Prince of Persia, vamos). Esta nueva entrega posee sus propias reseñas como producto único con una marcada personalidad y no pretende en ningún momento asemejarse a sus anteriores juegos, salvo por lo más evidente.
La historia vuelve a ser un tópico. Encarnamos a un joven apuesto, un nómada del lejano Oriente que, tras muchas juergas, acaba perdiendo su posesión de más valor: una burra cargada de oro. Mientras la busca, se encuentra con una joven y misteriosa doncella de la corte perseguida por unos chicos malos bastante bien armados. Como buen Don Juan, nuestro héroe decide ponerla a salvo llevándola a una antiquísima y milenaria ciudad donde está encerrado un poderoso dios del mal, Ahriman. La chiquilla, además de ser hija de un rey, guarda dentro de sí los poderes de otro dios (esta vez el bueno, Ormazd) que serán fundamentales para completar nuestra aventura. No hace falta echarle mucha imaginación para saber qué ocurrirá a continuación: el dios maligno de turno será liberado y nuestro heroico muchacho, junto con la ayuda de la bella Elika, tendrá todas las papeletas para salvar al reino de la corrupción que empieza a extenderse.
Pese a no ser la historia más original, una vez metidos en el juego podremos comprobar cómo es lo suficientemente atrayente. En el transcurso, la parejita se irá conociendo mutuamente revelando así importantes detalles sobre ellos mismos y la trama.
Nuestra misión como nuevo héroe de alquiler será limpiar cada zona del mapeado de la corrupción que se ha extendido por el reino, enfrentándonos a antiguos miembros de la corte de Ahriman. Y es que una novedad respecto a los anteriores PoP es la inclusión de un mundo abierto de grandes proporciones. No estaremos limitados por una brújula que nos obligue a seguir una dirección, aunque evidentemente los puntos importantes estarán marcados en nuestro mapa, sino que seremos nosotros mismos los que decidiremos a qué lugar acudir primero. El diseño del mundo no puede ser más exquisito, y es ahí precisamente donde se respiran todos aquellos recuerdos a leyendas árabes. Desde la zona central, el imponente palacio donde está encerrado Ahriman, pasando por grandes zonas como los jardines reales, enormes torres, fosos, llanuras, etc, todo está salpicado de trampas y obstáculos que servirán de pretexto para que los protagonistas nos ofrezcan de sus dotes de acróbatas.
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