Análisis
Las mil y una noches
El príncipe más famoso de los videojuegos vuelve con un lavado de cara. Nueva aventura, nuevo estilo, pero con una calidad prácticamente intacta.
Por Lancelot
| Publicado el día 07/05/2009 07:07
Manejando a la pareja
Hacer correr y saltar a nuestros protagonistas no es tarea difícil. Dominarlo con exactitud es harina de otro costal. Lo que ocurre es que la posición de las teclas, a diferencia de un pad de control, no son lo más ergonómicas posibles, de modo que cuando nos adentremos en el juego y los puzles y lugares se hagan más difíciles e inaccesibles tendremos que repetir y repetir cada intento para lograr los resultados deseados, especialmente por un importante detalle que comentaremos más adelante.
Con las teclas "WASD" haremos correr, girar y retroceder al príncipe, con la barra espaciadora le haremos saltar, mientras que las teclas "E" y "R" nos servirán para realizar diferentes funciones. Con ellas, y a modo de ejemplo, cuando saltemos a un muro para que nuestro protagonista de uno pasos rápidos por él podremos asirnos de anillas y salientes para continuar la carrera por el otro extremo, saltar a la pared de enfrente y completar la acrobacia. Mientras tanto, el ratón nos servirá para controlar la cámara y los botones derecho e izquierdo son los que usaremos en el combate.
En las luchas el botón izquierdo nos servirá para encadenar diferentes combos con el sable junto con otras teclas como "R", y con el botón derecho nos cubriremos. Algo que hay que tener en cuenta y que desempeña un papel importantísimo en esta nueva aventura es la imposibilidad de caer muerto, tanto en combate como cuando realicemos nuestras acrobacias en los escenarios de juego. El equipo creativo y de desarrollo de Ubisoft ha optado por dotar al príncipe de inmortalidad. Cuando estemos casi a punto de morir en combate o cuando hayamos caído por un precipicio tras un salto fallido, Elika usará sus poderes para devolvernos a tierra firme o para detener el ataque de nuestro enemigo, aunque éste recuperará parte de su salud cuando suceda. Esto tiene sus ventajas y desventajas, y es el usuario final quien debe decidir si le supone un inconveniente tener que repetir las mismas acciones una y otra vez o, por el contrario, le supone cierta ayuda. A pesar de todo, esta nueva idea, aunque arriesgada, es un pequeño soplo de aire fresco en un género que parece que se estanca. Y eso es de agradecer.
Sin embargo, existen lacras de cierta importancia. Los combates no abundan. No es un juego orientado a la acción; de hecho, la espada no la podremos desenfundar siempre que deseemos, sólo cuando encaremos a algún enemigo. Pero algo que puede echar hacia atrás y que peca de repetitivo es el desarrollo de juego posterior a cuando vencemos a un jefe de nivel. Una vez hecho esto, la corrupción desaparecerá para vestir al escenario con un ambiente primaveral. Aparecerán una esferas luminosas que tendremos que recolectar para acceder a nuevos poderes y áreas anteriormente cerradas a nuestro paso. Lo que ocurre es que tener que repetir una y otra vez la misma acción cuando venzamos al jefe de nivel puede cansar a más de uno y hace que el desarrollo sea plano, sin altibajos importantes y carente de ritmo y acción.