Desde la aparición de Disgaea: Hour of Darkness en PS2, y su éxito con el público y la crítica, Nippon Ichi ha estado en estado de gracia. Sus juegos de estrategia táctica -cuyo apartado gráfico se destaca por ser lo más cutre que ha salido en la plataforma, hasta el punto de tener un Disgaea 3 en PS3 que parece un juego de 32 bits- han contando siempre con un escuadrón de fans con gafas de culo de botella y pósters de chicas manga colgados en la habitación. Este escuadrón de fans ha sabido entender que un buen juego no depende de epatar al personal con graficazos -de eso depende un juego con "buenas notas", pero porque los críticos de videojuegos somos estúpidos- sino que basta con una buena historia y un sistema de juego atractivo. Y es cierto, Disgaea contaba con una buena historia y un excelente sistema de juego, es una pena que los siguientes juegos de Nippon Ichi empezasen a repetirse: con algunas variaciones, Disgaea 2, Makai Kingdom, La Pucelle Tactics, Phantom Brave... incontables juegos que, aunque estaban bien, no contaban con el carisma arrebatador del primer Disgaea.
Pues bien, Nippon Ichi ha optado por variar un poco su técnica y buscar un nuevo horizonte. Ahora los protagonistas del juego ya no son Laharl y su escuadra de desquiciados sirvientes, sino los peones del rey de las tinieblas, esos patéticos seres explosivos con forma de pingüino: los Prinny. Almas condenadas a servir como esclavas en el infierno, puesto que han pecado en sus vidas y no pueden volver a reencarnarse hasta que no sirvan su tiempo en el inframundo. En esta ocasión, llevamos a los Prinnies de Etna, cuyo postre ha desaparecido, y en un arrebato de furia manda a sus pequeños esclavos a recorrer el inframundo a la busca de los ingredientes para el postre. Y van a tener que matar y morir mucho para conseguirlo.
El argumento de Prinny no es apasionante, pero está muy bien llevado. Así como la historia es más simple que una obra de teatro escrita por un niño de tres años, desde el punto de vista del guión es verdaderamente divertida. Las escenas de diálogos están entre lo mejor del juego, y tienen un sentido del humor a juego con lo que cabe esperar de Nippon Ichi. Los diálogos son graciosos y los personajes muy ocurrentes, si bien se echa a faltar un poco más de historia, o por lo menos escenas más largas en las que los guionistas pudieran lucirse cómodamente.
Cualquier logo es mejorable con un pingüino
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Esto es un Prinny, una criatura muy tontica
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Si la agarras y la lanzas, explota, por eso es tan cobarde
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¡¡¡Por el podeeeeer de Greeeeyskuuuuull!!!
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La única solución para este jefe es la liposucción
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