Análisis
Irritación
PES 2009 se convierte en la entrega más polémica de la serie, te contamos los motivos.
Por satsuinohadou
| Publicado el día 23/10/2008 07:22
PES se convirtió en el líder indiscutible del género por su enfoque de aspectos como la defensa, la circulación de la pelota o el juego colectivo frente a enfoques arcade de la competencia como un exagerado ritmo de juego, excesivo individualismo o protagonismo de acciones irreales más propias de una actuación circense o la proliferación demasiado habitual de abultados marcadores. Podemos entender que Konami no se adapte a las nuevas tecnologías, podemos también comprender que no disponga de fondos para hacer los despliegues de licencias y comentaristas a los que EA nos tiene acostumbrados, captando a estrellas mediáticas e inundando las televisiones con spots. Lo que no nos entra en la cabeza de ninguna forma es que con cada nueva entrega se pierda el espíritu de simulación original cayendo en defectos como un incremento del ritmo de juego, una menor rigurosidad de las defensas, una IA discutible y muy permisiva que nos lleva a errores inevitables en defensa o una serie de pequeños aspectos que sumados generan un título impropio y fuera de lugar dentro de la trayectoria de la serie.
Un aspecto que nos ha disgustado profundamente es el comportamiento irreal y las prestaciones potenciadísimas de ciertos equipos y jugadores. Enfrentarse al Manchester United es un suplicio dadas las diferencias de velocidad, físico (que repercute principalmente en los choques y cargas entre jugadores), así como asistir al efecto imán que les hace atraer cualquier rechace. Mientras que nosotros tenemos que elaborar para encontrar huecos en la defensa, la CPU aprovecha la selección automática de jugadores de nuestro equipo para romper un fuera de juego o asignarnos un jugador que rompe el equilibrio defensivo. Ver correr a Cristiano Ronaldo a 300 kilómetros por hora por el campo, imparable e inalcanzable, enfada a cualquiera y resulta más propio de una recreativa.
Comprobar el comportamiento de los porteros, la incapacidad de alguien como Casillas para blocar un balón por flojo que vaya y asistir a tres goles consecutivos de saque de esquina, con la permisividad de las defensas ante los cabezazos de los delanteros, no sólo no es propio de PES, ni en nuestra peor pesadilla, sino que hace lustros que no ocurre tampoco en FIFA.
Este comportamiento lamentable de la IA también lo encontramos en ataque al ver como nuestros compañeros de ofensiva en posiciones ventajosas son laterales o centrales, que indudablemente no aciertan a puerta ni aunque esta ocupe todo el ancho del campo.
Se establece un énfasis exagerado en el fútbol de ataque y no se ponen a nuestra disposición instrumentos ágiles para demostrar nuestro dominio de la defensa. De esta forma somos incapaces de mantener un equilibrio futbolístico que se ajuste mínimamente a la realidad.
Siguiendo con las dudosas decisiones automáticas de la CPU, encontramos la dirección de ciertos pases en corto o rasos que en muchísimas ocasiones no alcanzan el destino que claramente le indicábamos a la máquina. La inutilidad de la entrada a ras de suelo o tackling, que sólo sirve para que nos muestren la tarjeta roja, las mencionadas injusticias en las cargas cuerpo a cuerpo y el comportamiento errático de porteros y defensas consiguen en muchas ocasiones tirar por tierra todo el trabajo de elaboración en ataque y eficacia de cara a puerta, otro tema sangrante. La efectividad de equipos como el Real Madrid está alejadísima de escuadras como el Chelsea o el Manchester United. Ocasiones clarísimas lanzadas al limbo o no colocadas hábilmente demuestran que no se ha sabido transmitir la pegada de un equipo que precisamente presume de ello y esto no sólo ocurre con el Real Madrid. Por el contrario, los rivales consiguen petróleo de acciones sin peligro aparente, con unos chuts en plan Oliver y Benji que de nuevo quedan fuera de lugar.
En definitiva, se pierde completamente el espíritu de simulación original, con un ritmo mucho más alocado, un énfasis total en el ataque y un descontrol absoluto en la defensa.