Análisis
En puestos de UEFA
El nuevo Pro Evolution Soccer salta al terreno de juego para intentar convertirse en el nuevo referente futbolístico.
Por Álvaro Sánchez Estévez
| Publicado el día 27/10/2009 08:11
Ya está aquí. Por fin el fútbol llega de nuevo a nuestras consolas. Por fin podremos emular a nuestros ídolos. Por fin podremos construir nuestros equipos galácticos como hace el tito Floren, y hacer esas filigranas que no somos capaces de emular con un balón en nuestros pies. Incluso ha llegado la hora de salvar la cara del equipo de nuestros amores que en la realidad sufre más de la cuenta. Por fin tenemos ante nosotros un montón de horas de piques con nosotros mismos, con el simulador y con nuestros amigos, en lo que es el pasatiempo nacional, el deporte rey. Ha llegado la hora del fútbol.
Tras una temporada completa martirizando nuestros mandos y dedos, en la que, como en la realidad, ha habido un único dominador en todas las competiciones, llega la hora de decidir de quién eres, decidir a quién amas, decidir a quién sigues.
La importancia de la jugabilidad
No nos detendremos demasiado en explicar cada una de las modalidades de juego que reúne Pro Evolution Soccer 2010, ya que la nueva entrega agrupa todos aquellos modos que aparecieron en su cita anual pasada, por lo que en este análisis incidiremos fervientemente sobre un aspecto tan fundamental como la jugabilidad y el control, el principal reclamo en un juego de fútbol. Es por tanto que el usuario vuelve a tener a su disposición partidos de exhibición, los clásicos modos de "Liga" y "Copa", la representativa "Liga Master" y también el atractivo de la Champions y la Europa League como principales torneos licenciados. Tampoco falta a la cita el modo "Ser una leyenda", que vuelve a ofrecernos la posibilidad de guiar y evolucionar a un mediocampista o delantero desde las categorías inferiores hasta convertirse en la nueva promesa del primer equipo e incluso aspirar a representar a su selección nacional y así poder disputar la Copa del Mundo.
La jugabilidad del Pro Evolution Soccer vuelve a ser un tema que se debe tratar con mimo. Esta nueva entrega presenta un ritmo de juego mucho más lento que las anteriores ediciones de la actual generación, lo que permite una mayor libertad a la hora de crear juego y tener que trenzar jugadas para avanzar hacia la portería rival. Esta toma decisión parece acertada, y es que ya no solo buscaremos abrir el balón a banda para buscar una galopada de nuestro extremo, sino también un sin fin de posibilidades con las que se busca fomentar el juego en equipo y así dejar de lado las acciones más individualistas. Este acierto en el decrescendo del ritmo de partido tropieza estrepitosamente con un retardo exagerado en la respuesta de cada una de las órdenes que damos a los jugadores con nuestro mando y con unos movimientos de cambio de sentido en estático demasiado pausados. Esta lentitud en los giros echará por tierra nuestro afán por elaborar un fútbol de toque en más de una ocasión, y es que cuando hayamos conseguido girar 180º con nuestro jugador para encarar una nueva trayectoria en la que descongestionar el juego, lo más probable es que, para entonces, ya tengamos encima a un oponente con hambre de balón. Lo cierto es que si estos dos aspectos se hubiesen corregido, estamos seguros de que estaríamos hablando de una jugabilidad creada con muy buen gusto.
El nuevo control de 360º se descubre como un aumento de las direcciones de juego, que aumentan hasta las dieciséis para ofrecer la posibilidad de mover al jugador alrededor de los 360º que oferta la palanca de dirección en vez de las ocho habituales a las que podíamos acceder anteriormente con la cruceta (vertical, horizontal y las dos diagonales). Su aumento de precisión es evidente, pero no deja de ser una mejora que ya presenta su rival directo con un resultado bastante más natural.