Análisis
Demolition Man
Volition y THQ nos sorprenden con un juego cuya mayor baza es la destrucción.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 05/06/2009 09:34
En las bases de la Red Faction, que resisten cual diminuta aldea gala, podemos adquirir otras armas muy interesantes como un lanzacohetes, minas de proximidad, un disparador de discos o un artefacto que electrocuta a los enemigos. Como es tradición, podemos acceder a ciertas mejoras como más munición para cada una, la posibilidad de colocar varias bombas a la vez, protección adicional para Alec y mecanismos para evitar el fuego amigo. Todas las armas tienen su función y, en ocasiones, salir airosos de una incursión pasa por saber cuáles son las que nos van a prestar el servicio adecuado. El martillo siempre nos acompaña, pero podemos llevar otras tres armas intercambiables en la base aliada. Para comprar y mejorar las armas necesitamos un material específico que se obtiene como recompensa por cumplir las misiones, pero también aparece entre los escombros de los edificios que hayamos destruido. No es precisamente abundante, así que nos tocará rastrear las ruinas para conseguirlo.
Como estamos ante un sandbox con todas las de la ley, no faltan vehículos adaptados con los que recorrer la inmensidad del planeta hostil. Transportes militares, tanques, camiones de cinco ejes, todoterrenos, pick-ups ligeros... Todos están diferenciados en cuanto a velocidad, resistencia, maniobrabilidad y capacidad para superar obstáculos naturales. No es lo mismo escapar de la EDF por las carreteras convencionales con un vehículo pesado con metralletas acopladas que por encima de las montañas con uno que tenga la tracción suficiente. Se ha incluido un sistema de GPS para que sepamos en todo momento hacia dónde nos tenemos que dirigir con flechas amarillas que se pueden ver tanto en el mapa como en el mismo escenario. Es difícil perderse.
La inmensa mayoría de las misiones están señaladas en el mapa, pero otras veces nos las propondrán por radio. Participaremos en persecuciones en las que arrasaremos todo lo que se interponga en nuestro camino, nos defenderemos de emboscadas, rescataremos rehenes de las garras del enemigo y los llevaremos de vuelta al campamento, asaltaremos bases e interceptaremos convoyes. Nuestra favorita consiste en subir al vehículo de un aliado de la Red Faction y reventar a misilazos enclaves estratégicos de la EDF mientras nos movemos a toda velocidad. Por si fuera poco, en el mapa están marcadas las construcciones más importantes para la EDF, así que siempre podemos acercarnos y volarlas por los aires. También podemos poner a prueba nuestras habilidades como demoledor y ganar material adicional para las armas. Salta a la vista que Volition ha hecho un gran esfuerzo por incluir una variedad considerable de misiones. Es normal que se pierdan frescura en la recta final de las quince horas que nos puede durar fácilmente la campaña de Guerrilla, pero aun así consigue enganchar hasta el final con derroches de destrucción y diversión.
Cada misión que cumplimos se traduce en una disminución de la presencia de la EDF en la zona en la que estamos. Esta presencia se plasma en la interfaz mediante una barra con un valor numérico que debemos reducir a cero para hacernos con el control. Cada misión está asociada a una cantidad determinada de puntos directamente proporcional a lo complicadas que sea. Es más difícil destruir un complejo de defensa que una torre aislada, pero tiene su recompensa.
Un solo hombre puede hacer el amor, pero no la guerra. Nuestros éxitos no pasan desapercibidos ante los ojos de los integrantes de la facción, de modo que podemos contar con ayuda inesperada y siempre bien recibida cuando las cosas se ponen feas.