La saga
Resident Evil no necesita presentación alguna, todos la conocemos o tenemos una idea muy aproximada de en que consiste. La palabra éxito siempre ha ido asociada a su nombre, pero había llegado a un punto en el que ya no sorprendía y en el que los jugadores empezaban a perder interés por la serie de Capcom.
Se necesitaba un cambio de aires para Resident Evil. Quizá por ello aceptaron vender la exclusividad de la saga a Nintendo, con la idea de llegar a un público distinto del habitual. Resident Evil 4 fue una respuesta a ambas cosas, pues por un lado se anunció en exclusiva para Gamecube (aunque dentro de unos meses verá la luz en Playstation 2), y por el otro propone severos cambios en su desarrollo, con la clara intención de quitar la capa de óxido que pesaba sobre su nombre.
Y debemos decir que misión cumplida. Resident Evil 4 ya está considerado como el mejor de la saga, ha logrado sorprender con cosas nuevas, pero sin perder aquello que le hacía gustar a los jugadores, y además el público nintendero ha respondido beneficiosamente.
Y es que este juego prácticamente es borrón y cuenta nueva, aunque mantenga muchas de las señas de la saga. Para empezar, digamos adiós a todo lo que rodeaba Resident Evil: adiós a Raccoon City, adiós a Umbrella, adiós a los zombies, adiós al T-Virus... y empecemos con una historia completamente nueva. Tras el incidente de Raccoon City, el gobierno de los Estados Unidos suspende todas las actividades empresariales de la Corporación Umbrella, y finalmente decide esterilizar Raccoon City detonando una bomba nuclear. Aquellos terribles sucesos forman ahora parte del pasado.
Nos encontramos seis años después de aquello. Leon Scott Kennedy, el policía novato cuya fiesta de bienvenida se vio frustrada por el ataque de los zombies en Raccoon City y que conocimos en
Resident Evil 2, es ahora un experimentado agente especial del gobierno. La hija adolescente del presidente de los Estados Unidos, Ashley Graham, ha sido secuestrada por un grupo anónimo y sin que haya petición alguna de rescate. Las investigaciones sitúan su paradero en una aldea europea, y Leon es enviado allí en solitario con la misión de recuperarla.
Poco después de la introducción conoceremos a Ingrid Hunnigan, la agente de inteligencia que será el contacto de Leon durante la misión. Para comunicarse utilizan un sistema de vídeollamada muy similar al visto en la saga
Metal Gear Solid de Konami.
Los primeros minutos de Leon en la aldea no son como él esperaba. Nuestro protagonista no cuenta precisamente con un club de fans esperándole, por lo que no tarda en tener que empezar a usar su pistola para defenderse de los hostiles habitantes. Además de lo poco que le gustan los forasteros, Leon nota algo extraño en los aldeanos que les hace estar fuera de sus cabales. Por suerte no tarda en conocer a alguien "normal", Luís Sera, que a pesar del misterio que rodea a este también ex-policía, resulta una ayuda inestimable en algunos momentos.