Análisis
Tempus fugit
Capcom estrena una línea económica de Resident Evil para Wii con la conversión del remake de la primera entrega de GameCube.
Por satsuinohadou
| Publicado el día 26/06/2009 09:52
Capcom ha implementado varias posibilidades de control para esta conversión (bueno, queríamos decir “traslado directo” ). Podremos manejar a Chris Redfield y a Jill Valentine con el mando de Wii en posición horizontal sin depender del Nunchuk. En este primer esquema se utiliza la cruceta analógica para mover a los personajes. Este detalle no genera ningún problema, ya que nos encontramos ante un juego al que podríamos definir casi como pseudo 3D. Las peculiaridades de movimiento de los personajes con el giro sobre un punto y el avance muy sensible a los cambios de dirección hacen que no necesitemos una palanca analógica. Producciones contemporáneas de Capcom como Onimusha también adolecían de este control arcaico. A día de hoy resulta totalmente imperdonable, aunque por otra parte debemos sopesar el enorme cambio que hubiera causado sobre el producto la adaptación a una mayor movilidad en todos los planos de acción y direcciones. Apuntaremos con el botón "B", seleccionaremos con "2", cancelaremos con "1" (botón que también utilizamos para correr) y podremos abrir el mapa con "+".
Si unimos el Nunchuk al mando de Wii disfrutaremos de un modo de control más completo. Mediante la palanca analógica movemos al personaje, corremos con "Z", utilizamos el objeto defensivo con "C", apuntamos agitando el Wiimote hacia abajo, atacamos con "B" y seleccionamos con "A". El plano saltará a la pantalla si apretamos el botón "-".
Resident Evil para Wii también permite utilizar el mando de GameCube y el mando clásico de la Consola Virtual para acceder a unos sistemas más cercanos aún a los que disfrutamos en GameCube. En el caso concreto de utilizar el mando de GameCube, nos encontramos ante las mismas sensaciones que podemos obtener si insertáramos el GOD en nuestra Wii, algo que no habla demasiado bien de la ética comercial relacionada con la publicación de este juego.
Como podéis comprobar, no se han realizado modificaciones que pudieran permitirnos establecer comparaciones con la serie New Play Control de Nintendo. Por lo tanto, tenemos el mismo concepto de reedición de clásicos de GameCube en Wii amparados por la mayor base de usuarios de Wii. Eso sí, no se ha incluido ni un sólo detalle que aproveche los estándares de Wii en términos de control e incluso gráficos (se echa en falta totalmente soporte para televisores panorámicos).
Los desarrolladores habrán sopesado las consecuencias de modificar el espíritu de Resident Evil con movimientos gestuales, apuntado mediante el puntero infrarrojo (algo poco lógico, ya que no tenemos una perspectiva situada sobre nuestro hombro) y especialmente un sistema de movimientos de personaje más cercano a los estándares de los juegos de acción en tercera persona actuales.
De inicio tenemos que escoger entre Jill Valentine y Chris Redfield para superar la aventura, lo que modifica detalles de la historia, acceso a armas y características como la fuerza y la cantidad de objetos que podemos transportar. Deberemos comenzar a recorrer la mansión por los caminos inicialmente permitidos. Tendremos zonas cerradas por caprichos argumentales y otras inaccesibles hasta que no consigamos las llaves pertinentes. Deberemos ir de un extremo al otro de la mansión superando puzles y acabando con los jefes y la plaga de zombis que inunda el caserón.
Como bien ilustra el término survival horror, la aventura se convierte en un ejercicio de supervivencia que exige bastante habilidad. Contamos con la limitación de no poder portar demasiados objetos y tener que confiar en los clásicos baúles de la serie. Podemos ser infectados, tenemos que recoger hierbas y sprays para curarnos y para grabar la partida debemos localizar tampones de tinta y máquinas de escribir. El agobio, la exploración y los puzles resultan más importantes que los combates, excepción hecha de los desafiantes jefes finales. Nuestros personajes cuentan con una serie de objetos defensivos que podremos clavar en los enemigos, además de las habituales pistolas, escopetas y demás armas de fuego que podemos controlar de una forma algo encorsetada. La gestión de la munición y de los objetos curativos resulta vital, no estamos ante un mata-mata en el que lo único que importa es arrasar con toda criatura viviente, vamos, no muerta. Este detalle es el que más choca con la filosofía de los últimos Resident Evil. En esta reedición tenemos que sobrevivir e ingeniárnoslas para dotar a nuestro personaje de la mayor cantidad de posibilidades ofensivas y defensivas en los momentos cumbre de la aventura.
Una vez que nos volvamos a acostumbrar al control arcaico y consigamos borrar de nuestra mente los estándares actuales, volveremos a descubrir por enésima vez un juego excepcional, desafiante, complicado y exigente. Pese a todo, la sensación general que nos invade mezcla la decepción con la incomprensión e incluso un poquito de pena al ver lo mal que ha envejecido. El culpable principal de esta decepción es bien fácil de identificar: la reedición original seguía a pies juntillas todas las claves del Resident Evil de PlayStation.