Análisis
Días de furia
Imnsomniac crea una gran continuación de uno de los primeros juegos de PS3.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 15/11/2008 16:32
Si echamos la vista atrás hasta el lanzamiento de la tercera consola de Sony, recordamos que uno de los juegos que la acompañó en ese momento brilló por encima de todos los demás, tanto en ventas como en críticas. Resistance: Fall of Man, el primer shooter de la consola, se convirtió junto con Motorstorm en la compra más acertada para estrenarla. Sin ser la quintaesencia del género, Imsomniac Games se ganó el éxito a pulso gracias a una campaña bien resuelta y un multijugador muy aprovechable, entre otras virtudes.
Tenemos que reconocer que siempre hemos seguido Resistance 2 con detenimiento. Con él en las manos y ya bien exprimido todavía se nos viene a la cabeza la sensación que nos produjo el vídeo de presentación del E3, con esa subida por las escaleras de una torre con una bestia gigantesca de fondo, todo un espectáculo. Un poco de escepticismo nunca está de más, pero a veces uno tiene que rasgarse las vestiduras y rendirse a la evidencia: Resistance 2 no sólo es muy superior al original, sino que da lo que promete con creces y sin despeinarse. Es el momento de diseccionar a la quimera.
Nathan Hale vuelve a desempeñar el papel de protagonista indiscutible en Resistance 2, continuación directa. Él es el eje alrededor del cual se mueve la historia, continuación directa de Fall of Man y ambientada en un 1952 alternativo. Las quimeras ya han consolidado su poder en la Tierra y han traído consigo decadencia y devastación. Si el primer juego transcurría en el Reino Unido, esta vez toca defender Estados Unidos, uno de los últimos bastiones de la raza humana y epicentro de los ataques más salvajes. Su última esperanza recae en los Centinelas, soldados especiales a los que se les ha inyectado el virus de las quimeras para ser más eficaces en combate. Por supuesto, Hale es uno de ellos.
Vaya la verdad por delante, el argumento de Resistance 2 se muestra tópico, precipitado y predecible en exceso. Está lleno de situaciones que ya hemos visto cientos de veces en el cine y en los videojuegos, presentadas además de forma poco interesante para el jugador. No es que sea horrible ni mucho menos, de hecho tiene algún buen momento, pero Hale no es precisamente un derroche de carisma. Uno nunca llega a preocuparse por su drama personal y mucho menos a sentirse identificado con él. Los personajes secundarios tampoco ayudan demasiado. Como ya hemos dicho en alguna ocasión, el juego tiene muchas cosas buenas que hay que buscar en otra parte. Comencemos, que hay mucho que contar.
El modo “Campaña”, pilar básico de todo shooter que se precie, nos lleva por varias localizaciones de los Estados Unidos a lo largo de siete capítulos con un único objetivo: matar quimeras a diestro y siniestro. Hasta aquí nada nuevo. No obstante, Resistance 2 presenta la acción de tal forma que el jugador no puede tomarse un respiro en ningún momento, con situaciones muy diferentes y oleadas de enemigos que le llevarán a exprimir al máximo la recámara. En las ocho o diez horas que dura (algo menos que la del primer juego) no se produce ni un solo altibajo. Desde que empieza hasta que acaba, la acción frenética no decae en ningún momento, desde los enfrentamientos con multitud de quimeras hasta los pocos jefes que hay, verdaderamente impresionantes. Tenemos que mencionar otra vez el nivel del Leviatán (el titán al que nos enfrentamos en la ciudad), tal vez uno de los mejores que hemos visto en el género.