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El modo de juego principal consta de ocho fases. Si tenemos en cuenta que cada una dura unos minutos de canción, puede parecer que Riff no da para mucho. Nada más lejos. La dificultad hace que sea prácticamente imposible pasárselo de una tacada a menos que uno sea extremadamente hábil. Lo que hay que hacer en las primeras partidas es intentar conseguir muchos puntos para canjearlos en el menú por la inestimable ventaja de comenzar con una vida más. También se pueden adquirir otras cosas, como efectos gráficos que complementan muy bien lo que de por sí se ve en el juego e incluso los niveles del modo principal para no tener que jugar siempre desde el principio. El sistema de los puntos y los elementos desbloqueables resulta muy inteligente y consigue que uno tenga más posibilidades de acabarse el juego con alguna vida más. Además, hace que la duración aumente de forma considerable.
El control es muy sencillo. El stick analógico izquierdo controla el píxel y el derecho la dirección del disparo. También se pueden utilizar los botones del mando para sustituir al stick derecho, más fácil de manejar pero menos preciso, sobre todo cuando uno se encuentra rodeado y tiene que atacar en todas las direcciones. El control responde perfectamente y tendremos que llevarlo al límite para serpentear entre proyectiles, naves enemigas y lugares estrechos.
El apartado técnico es lo que hace de Riff un juego diferente. Curiosamente, lo que menos detalle tiene es el píxel que controlamos, ya que ha de ser pequeño para que podamos escabullirnos por los lugares más inverosímiles. Los enemigos son variadísimos y llenan la pantalla de color. Si unimos esto a los bonitos efectos de fondo tendremos como resultado un auténtico despliegue visual, sencillo a la par que espectacular. Las explosiones y los efectos de las reacciones en cadena llenan la pantalla de efectos más que resultones, pero cuando se generan muchos a la vez es fácil perderse y no saber dónde está nuestro aliado el píxel, lo que nos llevará a perder una vida en más de una ocasión. El cuidado que se ha puesto en el diseño del juego no se ha trasladado a los menús, comparables en sosería con el pantallazo azul de Windows. Pero no es algo que importe demasiado una vez se comienza a jugar.
El sonido es quizá lo que da más personalidad a Riff. Como ya hemos dicho, cada nivel cuenta con una canción de guitarra de fondo. Para unos es más rápida y para otros más relajante. La gracia es que cada vez que acabemos con un enemigo o hagamos un ataque en cadena se irán añadiendo notas al punteo, lo que resulta en una especie de melodía interactiva que nos acompaña, excelente tanto por variedad como por calidad. Es el complemento ideal para un juego de estas características.
En definitiva, aunque Riff no es un juego para todo el mundo, nunca está de más darle una oportunidad. Se trata de una experiencia original, inmersiva y prácticamente única. Es difícil no quedarse embobado ante el recital de efectos gráficos y sonoros que pone ante nosotros. Eso sí, hay que estar dispuesto a pasárselo desde el principio muchas veces dada su dificultad, cosa que puede llegar a cansar si uno no se lo toma con filosofía. Nos alegramos de que haya hueco para juegos diferentes en PS Network.
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