Análisis
Rock a cuatro bandas
Harmonix acierta de pleno con la secuela de Rock Band
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 18/02/2009 09:05
A pesar de que los instrumentos de Rock Band llevan un tiempo en el mercado y a sabiendas de que en otros territorios más afortunados aparecieron unos nuevos para esta segunda parte, nunca está de más hacer un repaso a lo que ofrecen las armas con las que nos enfrentaremos a las partituras.
La guitarra de Rock Band es una réplica de la preciosa y emblemática Fender Stratocaster. Tiene un buen acabado, pesa poco y cuenta con algunas peculiaridades dignas de mención. Los trastes normales son más grandes que en las guitarras de la competencia y suenan un poco al pulsarlos, mientras que la barra de toque es totalmente silenciosa y hay que hacer un poco más de fuerza con el dedo para rasguear. Al jugador de Guitar Hero le costará hacerse un poco con ella por cuestiones de tacto, pero con el tiempo uno se acostumbra y descubre que la Fender casa a la perfección con la filosofía de Rock Band. En la parte inferior del mástil, al lado del cuerpo, hay una hilera de trastes más estrechos que sirven para darlo todo en los solos que aparecen al final de algunas canciones. No hace falta rasguearlos, por lo que pueden conseguirnos muchos puntos. Además de los botones de navegación típicos, debajo de la barra de toque hay una palanca con cinco posiciones que nos permite dar efectos del tipo eco o wah-wah a las notas largas, un detalle con personalidad. La barra de vibrato queda al alcance de la mano y responde con una suavidad envidiable. Sólo podemos ponerle dos pegas a la guitarra: no se puede desmontar para transportarla mejor y la de Xbox 360, a diferencia de la de PS3/PS2, no es inalámbrica. No nos importaría que la barra de toque fuese un poco más blanda, pero no se puede negar que responde bien cuando hay que rasguear hacia arriba y hacia abajo en las partes rápidas.
La batería es la primera que salió al mercado y también tiene cable, cosa que no nos supone mucho problema. Consta de cuatro parches alineados (rojo, amarillo, azul y verde) y un pedal para el bombo, que está representado de la mejor forma posible en la interfaz, con una línea horizontal de color naranja. Es completamente desmontable, las patas le dan una buena estabilidad y las barras de metal que la sustentan son regulables en altura. Los parches son muy sensibles y responden a la perfección con toques suaves, cosa que también se puede decir del pedal. Ya que hablamos del pedal, la gran ventaja de esta batería es que permite regularlo en cuatro posiciones de profundidad gracias a las barras de metal que tiene en la parte inferior, ideales para encontrar una postura cómoda y que no se mueva al pisarlo. Es cierto que a estas alturas puede parecer un periférico algo rudimentario, pero la respuesta convence desde el primer momento y permite navegar por los menús del juego con facilidad. Por desgracia, los parches son bastante ruidosos, pero es un mal menor que se puede subsanar con los protectores oficiales o algún que otro invento casero. Si la batería de World Tour presenta problemas de fiabilidad con los parches (que uno deje de responder de un día para otro es la pesadilla de muchos usuarios), el punto débil de la de Rock Band parece estar en el pedal. Nosotros no hemos tenido problemas con él, pero por lo visto tiene cierta tendencia a partirse, razón por la cual el segundo modelo que está a la venta en Estados Unidos incorpora refuerzos de metal. Con todo, estamos ante un periférico de calidad que maneja muy bien las partes de improvisación y la activación del Éxtasis. Eso sí, esto último sólo se puede hacer en momentos determinados, no cuando uno quiera. El hecho de que las notas sean más estrechas que en World Tour hace que los redobles sean especialmente difíciles y precisos en Rock Band.
Del micrófono no hay mucho que contar. Es sobrio, tiene cable (como todos, salvo los de Lips) y reconoce el tono de maravilla. Para evitar que el cantante se aburra en algunos solos, aparecen unos círculos que se tocan con la cabeza del micro como si fuese una pandereta. Aunque pueda parecer que el micrófono queda desdibujado, se ha optado por un repertorio muy cantable que lo aprovecha al máximo. Por supuesto, la anchura de la barra que indica el tono en el que hay que cantar disminuye cuanto mayor es el nivel de dificultad. Para llegar a los tonos más agudos en difícil y experto no hace falta ser Brian Johnson, pero casi.