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Rock Band Unplugged
Con las groupies a todas partes
El traslado de los juegos instrumentales a las plataformas portátiles era algo difícil de imaginar hace tiempo, hasta que Red Octane y Vicarious Visions se sacaron de la manga el Guitar Grip y los On Tour de Guitar Hero, que ya van por la tercera entrega. La competencia en el género es reciente pero tan feroz como la que puede haber entre un Pro Evolution y un FIFA, así que Harmonix no ha dudado en buscar una solución diferente y llevar su buque insignia a PSP. No hay forma de acoplar un accesorio a la pequeña de Sony, así que la experiencia de Rock Band Unplugged, en efecto, no es la misma que proporcionan sus excelentísimos hermanos mayores. Tampoco le hace falta, porque como juego de ritmo es casi igual de solvente.
¿Cómo se toca en Rock Band Unplugged? Pongamos un carril con cuatro hileras para las notas en el orden de colores típico a excepción del naranja: rojo, amarillo, azul y verde. El objetivo, como siempre, es acertarlas al final de la caída, justo cuando pasan por la línea inferior de la banda. En la configuración por defecto, la dirección izquierda de la cruceta es el rojo, arriba es el amarillo, “Triángulo” es el azul y “Círculo” el verde. En otras palabras, la disposición es la misma de izquierda a derecha, y tenemos dos colores por pulgar en todos los niveles de dificultad menos en el fácil, que se ha simplificado a amarillo y verde. Hasta aquí todo es fácil de entender.
Sin embargo, la gracia de Rock Band Unplugged es que da una dimensión roquera al concepto de hombre orquesta. No es un juego de guitarra, ni de bajo, ni de batería ni de voz, sino de los cuatro al mismo tiempo en el sentido más literal de la expresión. En vez de un único carril de notas tenemos cuatro colocados en fila entre los que podemos desplazarnos casi siempre y a nuestro antojo con “L” y “R”. Expliquémoslo más a fondo.
Las partituras de guitarra, bajo, batería y voz (que también está representada con notas que van desde los tonos más graves a los más agudos) están divididas en frases destacadas de forma conveniente en la interfaz. Una vez comencemos una frase tenemos que hacer todo lo posible por acertar todas las notas que hay en ella para que el instrumento en cuestión comience a sonar automáticamente. Así nos quitamos una preocupación, al menos durante unos segundos. Si lo hacemos bien, nos desplazamos al instrumento siguiente y repetimos la operación. Lo único que no está atado al sistema de frases son los solos, que nos ponen a tocar un instrumento determinado sin la posibilidad de cambiar. En casi todas las canciones hay alguno. Basta con que un instrumento destaque un poco sobre los demás para que se considere un solo, así que en ocasiones escapan un poco de la definición tradicional de “solo”.
El problema es que la habilidad con los botones nos puede fallar en cualquier momento. Una única nota fallada es suficiente para que la frase se desplace y tengamos que esperar a que se recoloque antes de probar suerte de nuevo. Si los nervios nos traicionan unas cuantas veces seguidas, tenemos que estar dispuestos a afrontar dos cosas: la bajada del nivel de aceptación del publico para ese instrumento y que no toque solo, lo que puede obligarnos a ir de una pista a otra y dar zarpazos panza arriba. En el peor de los casos perderemos el instrumento y, con el tiempo, el público nos echará a patadas del escenario. No obstante, para eso está la energía, representada por las notas de color blanco características de la saga. Si hemos conseguido la suficiente, podemos entrar en éxtasis al igual que en los Rock Band normales. Esta variante sirve para salvar a un miembro caído del grupo hasta tres veces además de doblar el multiplicador de puntos, cosa que uno debe aprovechar a tope si quiere una crítica de cinco estrellas.
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