Análisis
Con las groupies a todas partes
Rock Band llena de ritmo la portátil de Sony.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 20/07/2009 10:55
Para superar los temas de Unplugged hay que tener soltura con los dedos, acertar las frases en la medida de lo posible, salir a tiempo de los apuros y cambiar de carril con rapidez y eficacia. Ya se sabe, cuestión de práctica. Las primeras partidas con el juego pueden desanimar, más que nada porque todos los fallos pasan factura, pero es algo que forma parte del periodo de adaptación. Lo cierto es que el ajuste de la dificultad es ideal para todos los niveles, tanto que creemos que cualquiera puede empezar en el que suele elegir para los Rock Band de sobremesa. Salir airoso de las canciones no tiene mucho misterio, pero conseguir las cinco estrellas en una actuación requiere que el jugador dé lo mejor de sí mismo. En ese sentido es bastante restrictivo.
Naturalmente, las partituras de Unplugged no son tan complejas como en los juegos con instrumentos, nivel experto incluido, pero se han elegido los acordes y redobles más significativos para que en ningún momento tengamos la sensación de que las canciones se quedan cojas. Es, digamos, un Dance Dance Revolution en el que se usan los dedos en vez de los pies. Y funciona muy bien, que quede claro. Es muy divertido intentar clavar rachas largas de notas y pasar de un instrumento a otro, ya que conlleva cambios en el ritmo a los que hay que amoldarse con reflejos y oído musical. Por norma general, la guitarra y la batería son algo más difíciles que el bajo y la voz, aunque depende de la canción. En los niveles de dificultad más elevados abundan los acordes (algunos triples) y las partes rápidas, que como es tradición nos harán sudar de lo lindo. El caso es que uno tiene que saber la situación de cada instrumento y estar a varias cosas a la vez.
El grueso del juego es el modo “Gira”, clavado al de Rock Band 2. Tras crear a los cuatro integrantes del grupo con un editor bastante completo (nombres, apariencia física, atuendos, actitud en el escenario y demás) nos embarcamos en un viaje por ciudades de todo el globo para demostrar que nos corre rock por las venas. En cada ciudad tendremos que defender temas por separado, pero también listas de canciones aleatorias, maratones de un estilo particular como punk o alternativo y repertorios en los que tenemos libertad total de elección. Como en la realidad, el grupo se sustenta con fans y dinero que podemos invertir en trapitos e instrumentos a la última. Algunas canciones o listas nos ofrecen contratos que repercuten para bien y para en las cifras del grupo, véanse conciertos benéficos, y superar los desafíos en cada escenario nos brinda críticas favorables y acceso a espectáculos nuevos. Por si fuera poco, también podemos contratar personal como promotores de ciertas áreas geográficas, estilistas, publicistas y chupópteros por el estilo.
“Gira” no defrauda y se convierte en un modo duradero con una progresión muy bien estudiada. Además, uno puede elegir el nivel de dificultad antes de una actuación y así dominar el juego poco a poco. Al principio no hay muchas canciones para elegir y nos tocará tocar “Livin’ on a Prayer” más veces de las que nos gustaría, pero por suerte el truco para que aparezcan todas en “Partida rápida” viene de serie. Tenemos unos tutoriales completísimos que nos ayudarán a asimilar los cambios en la jugabilidad y los modos “Supervivencia” y “Calentamiento”. En ambos desaparecen los fraseos y uno puede tocar el instrumento que quiera; la diferencia está en que en el primero nos pueden echar de la canción y en el segundo no.
Modos para un jugador no faltan, como se puede ver. Sin embargo, debemos criticar la ausencia de un multijugador, que al fin y al cabo es la filosofía de Rock Band. Era la ocasión perfecta para aprovechar las posibilidades ad hoc y por infraestructura de la consola de Sony. Es una pena, porque en realidad es el único fallo grave de Unplugged.