El joven redactor se quedó sin palabras al ver que Jennifer cuenta con unas armas tan "poderosas" como un tenedor, un cuchillo para pelar frutas, una tubería, etc. La cosa parecía mejorar cuando llega un punto en que Jennifer consigue una pistola, pero su forma de disparar (tapándose la cara) casi le hizo sentir lástima y todo. Estas armas las podía recoger del suelo en varios lugares, y aquí entraba en acción otro de los fallos del juego. Ya podía estar el objeto a recoger debajo de los pies de Jennifer, que por narices había que darse unas cuantas vueltas alrededor del objeto en cuestión hasta que la chiquilla pudiese agacharse y recogerlo. Otra cosa que hacía que la jugabilidad se viese resentida es que había que acceder constantemente al menú del juego para cambiar de armas, de objetos, etc., accediendo a molestas pantallas de carga cada vez que entramos y salimos del mismo. Esto empezaba ya a parecer una broma...
El joven redactor avanzaba sin ganas por el juego, cuando llegó un punto en que conoció a Brown, un perro bastante simpático que se une a Jennifer para ayudarla. Esto le hizo recordar a otro título de terror llamado
Haunting Ground, donde la protagonista de ese juego (Fiona Belli) también iba acompañada por un perro (Hewie), pero
Rule of Rose va un poco más allá. Aquí podía dar un objeto a Brown para que lo oliese y hacer que buscase objetos relacionados con él. De esta forma podía encontrar ítems que de otro modo sería imposible, o acceder a pistas u objetos curativos. Esto también se aplicaba a los objetos importantes como llaves, documentos, etc., por lo que muchas veces el pobre redactor no tenía ni idea de que es lo que había que hacer, y la solución la tenía en el perrito. También gracias a él, muchas veces sabía a donde tenía que dirigirse para continuar la trama, gracias a de nuevo a su olfato, lo que facilitaba demasiado las cosas.
Por último, hay que decir que
Rule of Rose cuenta con subtítulos en castellano, pero poseen otro fallo curioso. Y es que en bastantes ocasiones, aparecen textos en alemán y otras en inglés para, después, volver a aparecer en castellano. El joven redactor ya no se preguntó que estarían haciendo los testeadores cuando probaron el juego, si no que directamente se acordó de todas sus familias.
CAPÍTULO 4: ¿QUE ME DAS A CAMBIO DE SUFRIR?
El joven redactor tuvo el valor suficiente de terminarse el juego dos veces, debido a que
Rule of Rose posee dos finales, uno bueno y otro malo. Bueno, eso en teoría, porque lo que ya terminó por enojar del todo al sufrido redactor es que al acabar el juego se quedó igual que cuando había empezado: con incertidumbre. Había asistido a una aventura llena de escenas crueles, semi eróticas/lésbicas, violentas, sádicas, etc., pero en ningún momento sintió que le estaban contando una historia digna de mención. No hay nada peor que estar un montón de horas contemplando una historia que al final no te cuenta nada interesante (8 horas tardó en concluir el juego). Luego descubrió que había desbloqueado nuevos trajes para Jennifer, y otras sorpresas más. Pero era inútil: el joven redactor extrajo el disco de su PS2, lo metió en su estuche y decidió no volver a jugarlo.
CAPÍTULO FINAL: AHÍ TE QUEDAS
El joven redactor apagó la televisión, el equipo de sonido y las luces de la habitación. Aún nervioso y enfadado por todo lo que había pasado, se sentó frente a su ordenador y empezó a escribir para
Viciojuegos el análisis pertinente. Pero era muy tarde, tenía sueño y los nervios le tenían preso, impidiéndole escribir nada. Sin más decidió irse a la cama pensado que mañana sería otro día, mientras pensaba que
Rule of Rose es un juego que si, habrá causado mucha polémica, pero en el fondo es un juego con un envoltorio bonito, pero con un feo interior. Muchos gráficos bonitos, mucha banda sonora genial, pero una jugabilidad y desarrollo capaces de aburrir y desesperar a más de uno, convirtiéndolo en un título que ni siquiera los fans más adeptos de los survival horrors disfrutarían con él. En fin, el joven redactor apagó la luz, se arropó bien, cerró los ojos y cayó en un profundo sueño...
Por Kike López (Hayato)