Análisis
Gangsters de serie B
Volvemos a las calles de StilWater para intentar, de manera definitiva, llegar a ser los reyes del cotarro.
Por Pablo Cruz Delgado
| Publicado el día 28/10/2008 07:14
La ciudad de StilWater también ha cambiado a lo largo de estos años, aunque no tanto como nos esperábamos y nos hubiera gustado. Es cierto que los emplazamientos más destacados de la anterior entrega han sufrido en sus cimientos el paso de los años, como por ejemplo la iglesia en la que antes operábamos o el centro de la ciudad, que ahora está repleto de rascacielos y construcciones modernas. Sin embargo, el diseño de la ciudad sigue presentando un acusado reciclaje con edificios y estructuras muy parecidas que recuerdan de sobremanera a la del primer juego. Evidentemente es la misma ciudad, pero las promesas de los desarrolladores del gran cambio que había sufrido no las hemos visto del todo cumplidas.
Forjándonos un nombre
El sistema de juego bebe directamente de su predecesor. Es decir, por una parte tenemos las misiones principales o relacionadas con el hilo argumental y por otro lado encontramos el inmenso número de encargos secundarios que también tenemos que llevar a cabo. La opción de tener que ganar respeto al realizar acciones secundarias para poder acceder a los encargos principales sigue siendo una buena manera de "obligar" al jugador de disfrutar de las mismas y más ahora que el abanico de encargos secundarios es más variado.
Pero los usuarios a los que no les entusiasmen estos encargos alternativos también están de suerte, ya que en esta ocasión ganaremos respeto al realizar muchas otras acciones "cotidianas" como por ejemplo acabar con los miembros de las bandas rivales que veamos por la calle, conducir de manera temeraria atropellando a viandantes o circulando por el carril contrario (al más puro estilo estilo Burnout) o acabando con los enemigos de maneras determinadas como por ejemplo lanzándolos por un precipicio. Todas estas tareas nos reportarán respeto, pero la manera principal de conseguirlo será a través de las misiones secundarias que siguen siendo igual de atrevidas y divertidas.
Entre ellas siguen presentes los fraudes al seguro, en los que tenemos que hacer que nos atropellen vehículos y lastimarnos de diferentes maneras para sacar una buen tajada de estas empresas; también las masacres en zonas determinadas de la ciudad en las que tenemos que asolar un barrio concreto de destrucción hasta alcanzar un valor monetario determinado, los trabajos de sicario, conseguir vehículos determinados, disputar carreras suicidas a lo largo de toda la ciudad o hacer de chófer mientras una chica de compañía un hombre (o una mujer) desatan sus pasiones en el asiento trasero mientras nosotros cuidamos de que las cámaras de televisión o los detectives privados no capturen sus perversiones.
Hay novedades, como por ejemplo con un camión de la basura devaluar diversas construcciones o barrios lanzando basura por las calles, hacer de guardaespaldas de personajes famosos (y el gran número de situaciones hilarantes que esto conlleva) o participar en el propio club de la lucha, que como no podía ser de otra manera también tuvo su sede en StilWater.
Con todo esto ganaremos respeto que más tarde podemos usar par acceder a las misiones principales, siendo estas algo repetitivas en su desarrollo con dosis de conducción hasta llegar a un lugar concreto y acabar con todo lo que se mueva. Sin embargo, el contexto y las situaciones que presenta cada una de ellas hará que nunca nos aburramos llevándolas a cabo.