Tras una primera y dramática toma de contacto con el juego, uno no hace más que quedarse con cara de pasmado delante de la tele. Y no creo que nadie se sorprendiera por esas fechas de su potencial. Después de la escena inicial, comenzabas a manejar al personaje, muy bien detallado y que podía andar por su casa visitando todas y cada una de sus habitaciones; puede parecer una tontería, pero pocos juegos te dejan hacer eso, lo que te da mayor sensación de libertad. La casa estaba también muy bien realizada, mostrando el típico aspecto de casa japonesa a mediados de los años '80. Pero lo mejor llegaba cuando salías de esa casa, descubrías lo bien hecho que estaba el jardín, con el almendro que comentaba antes, y visitando el gimnasio, en el que conocías al algo atolondrado Fuku-san.
Pero eso no era nada. Salías a la calle, y tu sentido de la sorpresa estaba empezando a coger demasiada presión. Veías que en el juego, las aceras, las viviendas, la carretera, estaban exactamente tan bien hechas como en la escena de vídeo, cosa que por la época aún no era muy habitual, ya que en la mayoría de juegos, se abusaba de las espléndidas CG´s. Caminabas con Ryo, el protagonista, empezabas a conocer a la población del pueblo, entre ellas a una niña que se había encontrado un gato, el cual parecía, de nuevo, totalmente real. Y es que este juego era una sorpresa tras otra. Podías hacerle mimos, darle comida, y cada cosa te daba una reacción distinta del gato.
Pero el súmum llegaba un rato más tarde. Te topabas con una máquina de refrescos. ¿Que tontería, no? En absoluto. Pedías un refresco, y esto te permitía admirar uno de los mayores avances de los videojuegos, y Shenmue era el primero en hacer uso de él. Este detalle que comento, son las impresionantes expresiones faciales de cada personaje, quizás algo más trabajadas en el personaje de Ryo, pero de una calidad impagable. Esto no hacía más que darnos esperanza a los fanáticos de Dreamcast, ya que demostraba que podía competir con el tan temido y esperado Emotion Engine de PS2, que se supondría sería gran revolución de la consola de Sony. Pues bien, en Sega se les adelantaron. Y es difícil, aún hoy día ver mejores expresiones faciales, quizás el Silent Hill 3 es de los pocos que le superan.
Y tras un rato jugando, admirando el paisaje, los parques, los personajes y el tránsito que había por la calle, ver a los vendedores intentando atraer clientes, y observar a un simple transeúnte que poco aportaba a la historia, haciendo su vida, ajeno a los intereses del protagonista, en ese momento dejabas de tener duda alguna. Era el mejor apartado gráfico que habías tenido oportunidad de ver. Con sus sombras en tiempo real (cosa que algunos juegos aún no tienen) e innumerables detalles que no voy a comentar porque no terminaría nunca.
Sólo se le puede achacar algo, que son las ralentizaciones cuando hay muchos personajes en pantalla. Este defecto nos conduce hacia su segunda carencia, que es que para evitar ralentizaciones masivas, los transeúntes sin importancia, a veces desaparecen con el fin de aumentar la velocidad del juego. Pero son males menores, que no consiguen empañar ni mucho menos, un apartado que aún hoy, pocos juegos han superado, y al cual sólo se le puede calificar de PERFECTO, ya que después de tanto tiempo sigue al pie del cañón, y aunque en algunos aspectos ya está algo desfasado, como en los efectos de luz, sigue rallando a un muy alto nivel.
El comienzo de la tragedia y la aventura
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Una muestra más de lo bien recreados que estaban los escenarios
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Impresionante imagen que sale al principio del juego.
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